Cómo practicar la paciencia ante emociones negativas

Me gusta definir paciencia como la unión entre Paz + Ciencia, o sea, la ciencia de la paz. 

También, es la habilidad de sobrellevar circunstancias difíciles sin reaccionar con enojo. La paciencia se muestra en el buen ánimo con el que toleramos las dificultades de la vida. Ser paciente también es la comprensión de los hechos de la vida sin forzar nada ni a nadie, sin ningún esfuerzo. 

Entonces, si la paciencia es parte de nuestro estado natural, ¿por qué “perdemos” la paciencia? 

La paciencia se pierde a medida que se permite lo que no corresponde a nuestra naturaleza. Los enemigos de la paciencia son las emociones negativas como EL ENFADO Y EL ODIO, que traen consigo el sufrimiento. Estas emociones negativas se crean en la mente, porque la mente es como una esponja; absorbe tanto lo positivo como lo negativo, lamentablemente, está comprobado que la mente absorbe mas rápido lo negativo que lo positivo. 

En el mundo en que vivimos, diariamente recibimos mensajes de odio como las guerras, el abandono, y la injusticia.  En redes sociales y la television nos muestran una realidad cargada de falsedad y materialismo llamada consumismo. Todo esto la mente lo absorbe y lo acumula a diario. Es como si la mente fuera un vaso con agua y cada pensamiento negativo es una gota de tinta que cae en el agua y la va volviendo turbia y oscura. 

Si cuando nos encontramos frente a situaciones difíciles, la mente está turbia y oscura, en lugar de responder asertivamente, puede reaccionar con enfado y odio.

Si pasa algo que no quiero, me enfado…

Cuando alguien dice o hace algo que no me gusta, me enfado…

Cuando las situaciones no salen como yo esperaba, me enfado…

Si analizamos este patrón siempre hay “algo” o “alguien” que nos “roba” la paz o la paciencia. Si dejamos que todo lo que pase alrededor nos afecte, terminamos sufriendo. Y esto es porque estamos tan inconformes con la vida que siempre queremos algo más y ni siquiera sabemos qué es ese algo. 

Como dice el psiquiatra chileno Claudio Naranjo:

“La gente encuentra difícil ser feliz, porque piensan que felicidad es estar feliz con todos y con todo, ser feliz y nada más, reírse por todo. Pero si pudiéramos realizar que felicidad es estar serenos. ¡Y que esa serenidad se obtiene cuando uno está en el camino que escogió! no exactamente porque le vaya bien, eso seria muy fácil. Pero esperamos tanto de la felicidad que la hemos vuelto imposible.” 

Para poder terminar con el sufrimiento producto del enfado y el enojo necesitamos cambiar nuestros DESEOS. Los deseos son otra causa de sufrimiento, los deseos incontrolables pueden llevar a la muerte. Las personas se dañan así mismas, se auto-flagelan, sufren de depresión, ansiedad y terminan perdiendo por completo la paciencia.  

Todos enfrentamos obstáculos; si tienen solución no hay motivos para enfadarse, y si no la tienen, ¿en qué nos beneficia enfadarnos? 

Pero aquí hay algo importante, NO todo el sufrimiento es malo, los pequeños sufrimientos cotidianos que nos afectan física y emocionalmente, como el dolor y la enfermedad, también nos preparan para soportar grandes adversidades. Si todos los días nos familiarizamos con los retos, nos volvemos mas fuertes y cada vez se vuelven mas fáciles de resolver.

¿Cómo cultivar la paciencia?

Una de las formas más efectivas de cultivar la paciencia es teniendo CONFIANZA, confiar en que todo cuanto necesitamos nos llega en el momento y de la forma oportuna, sin ningún esfuerzo. A esto le podemos llamar esperar, “esperar pacientemente”. Si volvemos al ejemplo del vaso con agua, si dejamos que la tinta se asiente en el fondo del vaso, podemos ver con claridad y escoger responder de manera asertiva ante los problemas, en lugar de enfadarnos. Pero esto toma tiempo.

La confianza nos permite comprender que todo llega en el momento y de la forma oportuna. Por alguna extraña razón, los seres humanos hemos desarrollado la necesidad de controlarlo todo, incluyendo a otros. Esto genera grandes decepciones de cómo es la vida con respecto a lo que esperamos de ella. Mediante la práctica de la confianza, dejamos que todo fluya sin tanta necesidad de controlar, ¡fluir con la vida es mucho más relajado y efectivo que ir contra la corriente!

Una de las mejores prácticas para cultivar ese estado natural de ser paciente es la meditación. La mediation es un ejercicio para la mente, que es, como mencioné anteriormente, la fuente de las emociones negativas y deseos incontrolables. Esta herramienta nos permite:

-Aprender a lidiar con nuestros pensamientos y emociones 

-Conectar con nuestro estado natural de paz interior

-Limpiar las impurezas de la mente

-Controlar nuestros deseos

-Aceptar la naturaleza del mundo que es INCONTROLABLE

3 afirmaciones para cultivar la paciencia 

Luego de reconocer dónde se origina la pérdida de la paciencia, y entender que podemos controlar nuestros deseos para frenar el sufrimiento, podemos hacer una pausa y transformar nuestra experiencia de vida en una experiencia consciente de paz y serenidad. Las afirmaciones positivas son lo opuesto a los patrones de pensamiento negativos que normalmente utilizamos y son el punto de comienzo hacia el desarrollo personal.

Por esta razón deseo compartirles las siguientes afirmaciones para cultivar la paciencia en todas las áreas de la vida:

  • Practica aceptación 

Hoy, acepto a las personas, situaciones, y circunstancias a conformen ocurran. Yo sé que este momento es tal como debe ser, porque todo el universo es como debe ser. No voy a luchar en contra de todo el universo al luchar en contra de este momento. Acepto las cosas como son y no como quiero que sean.

  • Toma responsabilidad 

Hoy, tomo responsabilidad por mi situación y por todos los eventos que veo como retos. Evito culpar a otros o a mí mismo. Reconozco que todo reto es una oportunidad disfrazada, que me permite tomar este momento y transformarlo para mi crecimiento y expansión.

  • Permanece indefenso 

Hoy, renuncio a mi punto de vista, y no tengo necesidad de persuadir a otros a aceptar mis opiniones. Permanezco abierto a todos los puntos de vista y no estoy rígidamente apegado a ninguno de ellos. Elijo ser amable antes que estar en lo correcto.

Si deseas conocer más acerca de la meditación sigue aquí.

 

El impacto real de la paz interior. Parte II: la forma en la que los deseos individuales generan desigualdades sociales

Hablábamos en el anterior post de la necesidad de aprender la diferencia entre necesidades y deseos, porque satisfacer necesidades individuales no afecta a quienes nos rodean, mientras que satisfacer nuestros deseos sí puede afectarles. Pero, ¿de qué manera?

Volvamos al paralelismo entre la tarta de chocolate y el mundo con todos sus recursos. Bien sabido es que el mundo tiene recursos suficientes para cubrir las necesidades de todos sus habitantes. Igual de bien sabido es que cuando se trata de cubrir deseos, el mundo y sus recursos no dan tanto abasto. Del mismo modo que si repartimos una tarta de chocolate de forma equitativa entre un grupo de amigos, comeremos todos, mientras que si algunos de ellos desean comer más, acabaremos teniendo desigualdades.

Es decir, podemos concluir que los deseos personales de cada individuo, si se llevan a cabo, pueden llevarnos a situaciones en las que la necesidad de satisfacer nuestros deseos pasa por hacernos con los recursos de los demás.

Y he ahí donde llega la desigualdad a nivel medioambiental, cuando los recursos de los demás, dependen de los deseos de unos pocos. Puesto con un ejemplo, la desigualdad llega cuando mi deseo de renovar mi teléfono móvil cada año, hace que las minas de minerales que se usan para la fabricación de esta tecnología no den abasto, o cuando los bosques del Amazonas se deforestan para el uso de madera desproporcionado de otros países, y así un largo etcétera.

¿Y cuál es la consecuencia natural de la desigualdad medioambiental? La desigualdad social, no cabe duda. Cuando los recursos son divididos de forma inequitativa, damos lugar a la exclusión y a la pobreza.

¿Pero, cómo podríamos solucionar esto y de qué manera está relacionado con mi paz interior?

Hablaremos de ello en el siguiente post.

El impacto real de la paz interior. Parte I: la importancia de diferenciar entre deseos y necesidades

A menudo, cuando hablamos de paz interior, pensamos en relajarnos, en dejar ir el estrés, en tener un momento para nosotros mismos, en cultivar buenas costumbres… sin embargo, nos suele costar encontrar un sentido más profundo de los beneficios de la cultivación de la paz interior. Podemos entender que si conseguimos ser seres más pacíficos, conseguiremos también impactar más o menos a nuestro entorno de una forma positiva. Pero seguimos mostrándonos algo cínicos ante la posibilidad de aceptar que trabajar de esta manera en nosotros mismos pueda tener un impacto mayor a gran escala…

Hace unas semanas, un buen amigo (fundador de la organización Culture Clash que invita a los jóvenes a participar en la construcción de la paz) me invitó a la Casa de la Humanidad de La Haya, en Holanda, para facilitar una serie de reflexiones sobre la importancia de la paz interior durante el Día Internacional de la Paz.

La reflexión giró en torno a la relación entre la paz interior, la paz medioambiental y la paz social. Comenzamos preguntándonos y tratando de definir qué son cada uno de estos tipos de paz y tratando de encontrar de qué manera una impacta en la otra, comenzando por uno mismo y llegando a una escala global.

Para ponerlo de forma breve y sencilla: imaginemos que el mundo es una gran tarta de chocolate y que lo que cada persona busca a nivel individual en su vida, es poder comer un trozo de esa tarta porque eso le hace feliz. Sin embargo, muchas –quizá demasiadas- personas tratan de comerse un trozo más grande para así ser más feliz aún de lo que creen que pueden ser y por tanto, pasan a quitar algo de tarta a los demás. Como resultado, esta realidad en la que unos comen el trozo de tarta de otros, causa conflictos, llevándonos a pensar que la forma en la que uno hace crecer su felicidad, afecta directamente a la capacidad de otros de cultivar la suya.

Pero ¿qué es la felicidad? He ahí el quid de la cuestión. ¿En qué consiste la felicidad? ¿En satisfacer nuestras necesidades o en satisfacer nuestros deseos? ¿Sabemos diferenciar bien entre necesidades y deseos?

Aprender la diferencia entre necesidades y deseos es vital, a la hora de crecer como personas generosas o egoístas. Si deseamos identificarnos con la etiqueta de la generosidad, entonces deberemos aprender que la felicidad puede estar en los pequeños detalles de la vida como en tener necesidades que damos por sentado cubiertas -como tener un hogar, por ejemplo- evitando así hacer que nuestra felicidad radique en otros detalles no tan básicos –los deseos-. ¿Pero por qué? ¿Por qué mis deseos pueden afectar a los demás?

Piensa tú mismo y seguiremos hablando de ello en el siguiente post…

 

Cómo atraer energía de paz a tu vida

Me llevó muchos años encontrar las palabras para definir el estado de felicidad. Creía saber lo que era la felicidad, o quizá lo sabía por descarte por todas las ocasiones en las que no sentía esa sensación de plenitud. Pero quizá no entendí el verdadero significado hasta que empecé a meditar y no solo aprendí lo que era la paz interior y cómo generarla para mí misma, si no que empecé a saborear sus mieles y a comprender, por tanto, su importancia.

Fue cuando empecé a meditar, decía, cuando me di cuenta de que la felicidad era sinónimo de paz. De que ser feliz era en realidad estar en paz y de que cuando me sentía en paz, tenía la mayor sensación de felicidad al margen de cuál fuera la situación. Y así fue como empecé a valorar los pequeños momentos de felicidad y paz que tenía en mi vida, en contraposición con las grandes metas y vivencias que uno se supone que ha de tener para sentirse feliz.

A través de la práctica de la meditación, aprendí a vivir de una forma más mindful. Y así fue como esclarecí cuáles eran los pasos que me funcionaba poner en práctica para atraer la paz a mi día a día y con ello sentir una profunda felicidad. ¿Y qué mejor que pequeñas dosis de felicidad a diario?

  • Empezar el día meditando: sí, da pereza; sí, siempre tenemos muchas cosas que hacer… pero merece MUCHO la pena. Aplicar cierta disciplina y voluntad para sobreponernos a la frustración que nos puede generar establecer un nuevo hábito de vida es la forma de conseguirlo… y ¡no es para tanto! Luego, ya no supe dejar la práctica. Empezar todas las mañanas sonriendo ¿quién prefiere lo contrario?
  • Dejar ir la sensación de necesitar estar en control: sentir que necesitamos estar en control de absolutamente todo lo que rodea nuestra vida es una sensación común para encontrar seguridad. Sin embargo, con ella sobrecargamos nuestras capacidades hasta que acabamos prefiriendo no estar al cargo ¿cuántas veces no habremos disfrutado más de la simpleza? Dejar de pensar en el pasado y en el futuro, pues el uno no se puede cambiar y el otro no existe aún; y, disfrutar de la ligereza del no saber estar -ni querer estar- siempre al mando de todo es, sencillamente, maravilloso.
  • Aprender a ver el aspecto positivo de cada situación: muy a menudo tendemos a magnificar nuestros problemas y centrarnos mucho en ellos hasta hacerlos epicentro de nuestras vidas. En cambio, en muy pocas ocasiones prestamos esa atención a las buenas noticias que nos rodean. Hacer el ejercicio consciente de ver la positividad en cada situación es magnífico y gratificante.
  • Tratar a los demás de la misma manera en la que me gustaría que me trataran a mí: hubo una gran parte de mi vida en la que ni me fijaba quien pasaba a mi alrededor. Según aprendí a ser más consciente de mi propia existencia, empecé a serlo de la de los demás y empecé a sentir curiosidad por cuáles serían las circunstancias de vida de cada persona. Así, empecé a desarrollar cierta empatía que me ayudó no solo a tratar mejor a aquellos que no conocí sino también a aquellos con quienes no había logrado tener una buena relación. Aprendí que sembrar lo que uno quiere para sí mismo, es importante y empecé a disfrutar horrores de pequeños detalles como sonreír a los demás aunque aparentemente no hubiera una razón para ello. ¡Ser amable es gratuito y sienta bien a ambas partes!

Así fue como aprendí que la vida se puede vivir en dos estados: en paz o en resistencia. Y que yo prefería vivirla en paz y poner en práctica pequeños pasos que me ayudaran a conquistarla de forma diaria.

¿Cuáles son los pasos que te funcionan a ti? ¿Crees que algunos de esos se asemejan a ti y que podrías ponerlos en práctica? Sea como fuere, ¡no te demores en encontrar la forma de vida que te atraiga paz interna, porque será la forma en la que consigas llegar a ser feliz!

Respiro profundo: Meditar en Tailandia

Lucila Voloschin ha viajado en tres ocasiones al sudeste asiático para estudiar con monjes budistas. Su experiencia invita a los jóvenes a conocer el Programa Peace Revolution.

He tenido la maravillosa oportunidad de viajar becada tres veces a Tailandia, para asistir a un programa de Meditación y Desarrollo Personal ofrecido por monjes budistas y organizado por el Proyecto Peace Revolution de la ONG World Peace Initiative Foundation. Me he formado como instructora certificada en Meditación y he organizado la visita del Monje Budista Luang Phi Pasura Dantanamo a Mendoza en dos ocasiones.

Las vivencias profundas de estos encuentros y la posibilidad de compartir con personas de distintas partes del mundo son instantes que atesoro. Hoy comparto este texto personal, escrito durante mi primera experiencia en el Santuario de Mooktawan, Isla Ko Yao Noi (Tailandia). Mi intención es que más jóvenes del mundo y especialmente de Argentina se animen a vivir esta experiencia e incorporar en sus vidas el poder de la meditación. La convocatoria a este programa se encuentra abierta hasta el 15 de agosto.

Sesión de meditación guiada. Cortesía: Peace Revolution

El sol benévolo

Desprovista de todo estímulo habitual, mi mente rebelde buscaría desesperadamente dónde posarse. Los espacios usuales de retozo habrían desaparecido. Y con ellos, los vínculos que los rellenan y dan forma.

Me despierto cuando todavía es de noche, envuelta entre sonidos desconocidos pero bulliciosos, cantos y respiros de mosquitos, ranas, iguanas y otras criaturas que orquestan un coro nocturno.

Subo alto, muy alto en la pendiente y mi corazón late como si quisiera escaparse del pecho. Camino lento. Cerramos los ojos. Me entrego de lleno a la primera sesión de meditación. Una hora después, con sensación de entresueños, mis párpados perciben la ligereza de la isla que despierta.

Sigo subiendo un poco más, otra vez mi corazón se acelera, pero arribo triunfal a la cima: victoriosa plataforma de horizontes circulares y eternos. La luna se despide para dar paso a los primeros colores diurnos, cambiantes, azules y lilas hacia ocres y rojizos. Se asoma tímido detrás de las montañas un sol que a esa hora se presenta benévolo.

Respiro profundo y contemplo la vastedad. Esta naturaleza se me impone, con firmeza y suavidad. Saco mil y una fotos para atesorar en mis pupilas; es uno de los rincones más bellos donde he estado. La práctica matutina de yoga me oxigena, despierta los músculos somnolientos y revitaliza. Luego nos quedamos jugando, riendo, volando. Compartiendo con amigos de países remotos.

Sólo bajamos cuando el hambre toca con levedad nuestra conciencia. Sabemos que nos espera un desayuno generoso y colorido.

Calmar la caravana circense

Vuelvo a subir alto para cerrar los ojos nuevamente. Esta vez al aire libre, en algún escenario natural, entre sombras que refrescan y envuelven la segunda sesión de meditación.

Abro los párpados, me acuesto de espaldas con la mirada renovada clavada en el cielo, fija pero movilizada, viendo más allá de las nubes y con una alegría irreconocible.

Me nutro de sabores exóticos, aunque no siempre deseables, a veces dulce, agrio, picante y salado en un mismo bocado.

Aprovecho la pausa y me sumerjo en el agua que apacigua este caluroso incendio.

Subo nuevamente, mis latidos están aún encaprichados y mi cuerpo tan deshabituado a esta humedad pegajosa. “No estoy hecha para la combinación del calor y la humedad extremos”, me lo repito varias veces como si me trajera algún consuelo.

Sesión de meditación guiada. Cortesía: Peace Revolution
Sesión de meditación guiada. Cortesía: Peace Revolution

Desafío la inercia de la siesta y vuelco la mirada hacia adentro para meditar nuevamente. Al abrirlos, mis oídos devoran retazos de historias de vida. Sacrificios elegidos, nostalgias aprehendidas, una combinación de sabia disciplina y compromiso admirable.

Monjes Budistas que alguna vez no lo fueron y eran como nosotros. Ahora nos cuentan qué es eso de ser Monje y meditar. Calmar la caravana circense de la mente aunque sea por unos momentos. Dejar un poquito de lado las expectativas futuras y los fracasos pasados. Descansar.

Ellos están sonrientes. Esto sobre todo fue lo que me sorprende y alivia. Son alegres, humildes, interesantes, curiosos y abiertos a discusiones. Veo una mirada que no reconozco y no puedo asociar a algo conocido. Otra forma de ver las cosas, los problemas, la vida. Un modo distinto de esbozar la pregunta y mostrar lo simple.

Tengo tiempo para pasar el tiempo. Con la posibilidad de buscar y compartir compañía, con otros o conmigo. Escucho historias que me inspiran. Personas apasionadas.

La cena hecha limonada, té frío Thai, yogurt, jugos. Y una última subida. Con mis piernas y mi pulso. Para cerrar mi jornada con una meditación nocturna.

Explosiones creativas que me expanden. Ideas que cobran vida y se conectan mágicamente.

Desconectada de mi teléfono, computadora, reproductor de música, seres queridos. Aislada de mi entorno habitual. De mis comidas predecibles y mis deberes diarios.

Me olvidé de qué día era hoy y pasé a ocuparme de lo que estaba haciendo ahora. Era ése mi margen temporal. No tendría que preocuparme por qué comería ni a qué hora, dónde dormiría ni qué haría.

Todo estaba previsto y provisto, cada detalle, y con tanto cariño. Entregarme era el desafío. A las condiciones más anheladas de estabilidad, naturaleza y contención. Tan sólo debía estar allí: Presente, increíblemente a veces lo más difícil.

Tanta limpieza, barridos, lágrimas, recuerdos alegres y tristes. Reprocharme y reconciliarme conmigo misma, todo lo que pasó y no pude evitar. Pero al mismo tiempo lo que ocurrió y elegí que así fuera. Una tormenta de emociones se hizo presente sin pedir permiso. Desde lo subterráneo, surgieron interrogantes.

Y luego, de a poco, desde el fondo la oscuridad se vuelve más clara. Como cuando después de apagar la luz, los ojos se acostumbran a la penumbra y vuelven a ver. Me abracé fuerte, con ganas. Por instantes leí claramente mis verdades. Me sentí unida y vi nítidamente el hilo mágico que he trazado y me ha conducido, invisible pero presente. Una sensación llena. Interna.

Lucila Voloschin: Licenciada en Sociología, apasionada por procesos de autoconocimiento, crecimiento y desarrollo holístico. Practicante y profesora de yoga, bailarina, coach, viajera incansable y escritora de crónicas de viaje.

 

Para saber más de la convocatoria que que está abierta hasta el 15 de agosto visitá: Peace Revolution

Este artículo fue originalmente publicado en la edición “Estar Mejor” de MDZ online aquí.

El arte de perdonar: el ejemplo que Sudáfrica le dio al mundo

Durante el mes de julio de este año, específicamente el día 18, en todo el mundo se celebró el “Día Internacional Nelson Mandela” que conmemora el centenario del nacimiento de Mandela, uno de los líderes más empáticos y magnánimos de la historia moderna. Mencionar el nombre de este gran hombre Sudafricano me remete instantáneamente a uno de mis verbos favoritos: perdonar.

La dimensión humana de Mandela trascendió largamente a su carrera política, su liderazgo y su victoria sobre el Apartheid, sistema de supremacia blanca, de opresión racista y violencia que dominó la sociedad Sudafricana durante muchos años. Con un coraje y nobleza sin par, Mandela logró que su pueblo cambiara la venganza por la reconciliación, a pesar de que él mismo sufrió las consecuencias de una larga condena en la cárcel: 27 años de su vida, desde 1963 hasta 1990.

 

Madiba

Nelson Mandela o “Madiba” (como era llamado cariñosamente en honor al “Clan Madiba” de la etnia Xhosa, a la cual pertenecía), fue un abogado, activista contra el Apartheid, político y filántropo; un hombre que demostró ser un ejemplo vivo de perdón, sabiduría y libertad. Muchas son las enseñanzas que podemos aprender de él. Una de ellas, por ejemplo, es que la lucha por los sueños es constante y que el simplemente hecho de soñar ya nos hace ganadores. Después de haber estado tantos años en la cárcel, Mandela salió de prisión con un mensaje de reconciliación y unidad como única vía para reconstruir Sudáfrica, demostrando que tenía las habilidades suficientes para ser el primer presidente de piel oscura del país y lograr la reunificación de manera pacífica. Estos frutos de sus esfuerzos incansables le valieron más de 250 premios internacionales —entre ellos el Nobel de la Paz.

 

El perdón libera el alma, elimina el miedo. Por eso es una herramienta tan poderosa.

Esta frase de Mandela representa las bases de la filosofía de la reconciliación que él activamente defendió e impulsó en Sudáfrica, y que dio como fruto la unión nacional en ese país. Y es que cuando perdonamos con sinceridad desde el corazón -a los otros y a nosotros mismos- nos liberamos y quitamos un peso enorme de encima. Uno de los maestros que he tenido, monje Budista, decía que cuando alguien nos hace algo negativo, sea a través de palabras o acciones, esa persona nos está “entregando un cuchillo”, y que solo depende de nosotros “clavarnos ese cuchillo o no”. En otras palabras, siempre tenemos la oportunidad de escoger dejar ir aquello que nos hizo mal, impidiendo enfocarnos en pensamientos, sentimientos y emociones negativos asociados al sufrimiento, odio, resentimiento e inclusive en la venganza.

 

“Perdonar, no significa olvidar.”

Esta es otra de las célebres frases de Mandela, que muestra una parte clave del proceso de aprendizaje a lo largo de nuestras vidas: podemos recordar y aprender con lo sucedido para que no se vuelva a repetir (especialmente si depende de nosotros), pero sin aferrarnos al pasado y sus cargas negativas emocionales. De este modo, podremos seguir hacia delante y vivir nuestra vida mas leves, construyendo nuestra propia felicidad.

El legado de Mandela, a través de sus sabias palabras, perdurará en la memoria colectiva, más allá de su muerte. El ejemplo que dio Sudáfrica al mundo sin duda es un antecedente de que otras formas de liderazgo más humanas y reconciliadoras son posibles para el desarrollo de nuestras sociedades.

 

Créditos de las fotos:

  • Lilian Trochez en Unsplash.
  • John Paul Henry en Usnplash.

Manifestaciones pacíficas

¿Cómo conseguir los objetivos que queremos a través de manifestaciones pacíficas logrando así entrenar y poner en manifiesto un tipo de activismo no violento? Mi relación con la meditación no comenzó hasta estar yo bien entrada en la década de los veinte. No obstante, cuando empecé a practicarla me di cuenta que algunas sensaciones que experimentaba y beneficios que empezaba a palpar, me retrotraían a sensaciones que había tenido anteriormente durante mi infancia, sobre todo en cuanto a la sensación de paz interior que invadía mi mente al meditar y la certeza de saber que emanaba a través de mi esa energía positiva hacia quienes me rodeaban.

En una ocasión recordé un momento exacto de mi infancia que se me quedó grabado en mi memoria. Me crié en una zona conflictiva de España, asediada por una nacionalismo atroz, castigada por el terrorismo y terriblemente herida por los conflictos sociales que escalaban por esta problemática. En este contexto, mi madre siempre fue un referente en mi forma de asimilar y confrontar esta problemática. Ella me educó en el activismo y me enseñó a reivindicar nuestros derechos, a usar mi libertad para alzar mi voz en contra de las injusticias que empobrecían nuestra forma de vida. Desde que tengo uso de razón me inculcó la vena activista llevándome a toda clase de manifestaciones, reivindicaciones, charlas y demás eventos.

Recuerdo que en más de una ocasión pasé miedo; miedo por ser reconocida por otros, miedo por ser criticada por el activismo que llevábamos a cabo, miedo por ser identificada de manera equivocada con etiquetas que no me definían… pero de alguna manera siempre apoyé en mi fuero interno la faceta activista que mi madre desarrolló y trató de inculcar en mí. Tengo sin embargo bastante vivo el recuerdo sobre una manifestación en particular donde el miedo que sentí fue por primera vez otro; el de mi integridad física. Si bien mi madre siempre había huido de la violencia y había tratado de escapar de todo contexto donde se palpara la escala de la misma, una vez nos vimos involucradas en una manifestación ilegal que tanto la policía como los manifestantes contrarios a nuestros ideales intentaron reventar varias veces. Íbamos al final de la manifestación, extremo que perseguían ambos bandos. En medio del alboroto y de la confusión, de repente todos los manifestantes empezaron a darse la vuelta y a encarar a aquellos que nos perseguían, de modo que de pronto pareció que estuviéramos encabezando una nueva marcha. El caos empezó a ser mayor, los ánimos a crisparse y el ambiente a caldearse. Recuerdo a mi madre agarrándome fuerte de la mano y a mí percibiendo sus dudas sobre si sería correcto marcharnos en aquel momento o quedarnos. Y de pronto empezamos a ver que las personas a nuestro alrededor empezaban a sentarse, dejaban de gritar y comenzaban a acomodarse en el suelo en silencio. Mi madre hizo lo propio y me invitó a sentarme con ella. Fue un momento ciertamente surrealista, pues pasamos del alboroto y el ruido a la quietud y el más puro silencio. Nunca supimos de qué manera empezó, quiénes tuvieron la visión, quién se sentó primero, por qué los demás le siguieron. Pero cuando el instinto era huir o como poco enfrentar, la respuesta fue mostrar calma.

Aquel día fue una lección que llevaré conmigo siempre. Aprendí que el activismo no lo es menos por no sucumbir a la violencia, y que precisamente, todo lo contrario, el silencio, la concentración y la quietud, cuando se hacen en masa, pueden tener una repercusión inmensa.

Fuente de foto: http://religionandtechnology.com/

 

 

Práctica Local, Amor Global: una guía para Tiempos Líquidos

Kandinsky

Sobre mantener la cordura en tiempos de cambios. Parte III (parte I, parte II)

Cuando vivimos experiencias transformativas tales como un viaje importante, cambiarse de país, comenzar una nueva carrera profesional, ser padre/madre, enamorarse o desenamorarse, dejamos de ser “alguien”, el que éramos antes, y entramos en una nueva dimensión de nosotros que es desconocida y más expansiva que la anterior. Esta expansión es experimentada en varios niveles al mismo tiempo (nace tu bebé y tu casa no es la misma, la habitación vacía es ahora la habitación del bebé, descubres tu capacidad de nutrir y amar, tu paciencia, cuán buen apoyo es tu pareja – o no, etc.) y viene con esta nueva identidad tuya.

Cuando se trata de la práctica espiritual, la expansión más allá de nuestra identidad conocida también se presenta, y uno encuentra que experiencias de meditación profundas son descritas, por experimentados meditadores, con palabras como “suavidad”, “ligereza”, “paz indescriptible”, “vacío”, “centrado”, “expandido” en todos los casos. Es como si todos entraran al mismo espacio mental. Como si las experiencias profundas no fueran muy distintas entre una persona y otra. ¿Pero cómo es que dos personas diferentes tienen casi la misma experiencia interior mientras profundizan en la meditación? Uno puede decir que, enmarcándolo desde un punto de vista estructural, el “alguien” -el que medita- se vuelve “nadie” -el que experimenta todas las posibilidades en su interior sin identificarse- y porque es nadie, es todos al mismo tiempo.

Transformación -o cambio- está presente al nivel de nuestra vida mundana y también en nuestra vida espiritual. Muchas doctrinas espirituales enseñan sobre cómo uno se puede iluminar (un proceso transformativo cuyo objetivo es “ver” o “saber” las cosas como son) o cómo conocer tu verdadero ser (Atman), ser un santo (aquellos de nosotros que “están más perfectamente transformados en la imagen de Cristo” como define el Lumen Gentium Nº 50), cómo permanecer más cerca de Dios o “actuar de acuerdo a la Luz del Creador” como los Kabalistas explican, y así. Y ninguno de estos procesos ocurre sin experimentar una profunda transformación interior. 

Ya sea que estás cambiándote de país, experimentando una pérdida importante, enamorándote, en el camino de la santidad o realización espiritual, estás cambiando. Puristas pueden alzar una ceja en este punto pues estoy comparando el ser padre/madre o viajar con el camino de la realización espiritual, pero para mí ellos difieren en visibilidad (cuan material o visible es el proceso de transformación) y vocación (distinciones entre lo que es profano y sagrado son, usualmente, el lugar donde surjen problemas, y está, muchas veces, sesgado por la cultura – no trato de decir aquí que lo divino no es sagrado, sino que apunto a cierto cuidado que hay que tener en esto, especialmente en un mundo globalizado).  El “alguien”, el que es consciente de sí mismo hasta el egoísmo, cuando se convierte en padre/madre, es un “nadie”. Toda la atención pasa al bebé -y no puede ser de otra forma!- y todo lo que pasa alrededor de él. El buscador espiritual, el “alguien” que busca paz interior, sabiduría o a Dios, se vuelve “nadie” en una experiencia profunda de meditación, en la Santa Comunión o el momento de la Oración.

Nuestra conciencia y la realidad son una y la misma (chequea posts anteriores). Al entender todos los aspectos de nuestra vida como diferentes dimensiones de una sola cosa, al traer un núcleo, centro o espacio interior unificante en donde el “alguien” puede rendirse y convertirse en “nadie”, no nos sentiremos perdidos o faltos de punto de referencia – un sentimiento que surge a menudo cuando experimentamos cambio y transformación, especialmente en esta “modernidad líquida” como Bauman la llamó. Por el contrario, abrazaremos el cambio sin importar cuán incómodo sea, porque esa es la base de nuestra experiencia humana, eso es lo que todos nosotros (sin importar nuestras diferencias) experimentamos en la vida. Este entendimiento no solo trae sabiduría sino que también compasión  hacia todos los seres. Y al final del día eso cuenta porque estamos todos teniendo nuestras dosis de miedo, incertidumbre, pérdida, ganancia, juicio, realización y satisfacción, y merecemos un poco de paz entre todo eso.

Imagen: Composición 8 – Vasili Kandinsky https://www.guggenheim.org/artwork/artist/vasily-kandinsky/page/3

Quién Eres Cuando Las Cosas Cambian?

Sobre mantener la cordura en tiempos de cambios. Parte I. 

Aunque vivimos nuestras vidas con un grado considerable de certeza respecto a quiénes somos y los roles que cumplimos en nuestra familia y sociedad, hay momentos en los que nos sentimos ajenos a nosotros mismos. Sentimos que o nos perdimos un poco, o que nos olvidamos, o simplemente no sabemos de dónde salió esa parte de nosotros que surgió en una determinada circunstancia. Estos momentos son, la mayoría de las veces, una consecuencia de experiencias transformativas tales como una pérdida significativa o un final doloroso, el comienzo de una nueva carrera profesional, enamorarse o desenamorarse, ser madre o padre entre otras.

Cuando experimentamos esos cambios en la vida, reenmarcamos nuestra identidad pues esas circunstancias parecen demandar algo de nosotros que aún no hemos descubierto o desarrollado (una impresionante capacidad de cuidado, una resiliencia inesperada, una creatividad dormida). Transicionamos de A a B. Durante este proceso muchas cosas cambian, a veces rápido a veces gradualmente, y lo primero que necesitamos hacer es dejar ir el condicionamiento de nuestras experiencias pasadas para poder florecer nuevamente bajo una nueva forma, una más apropiada a la circunstancia presente.

Este dejar ir nunca es sobre la experiencia en sí -digamos que una tuvo un jefe que la hizo sentir incompetente demasiadas veces, y se cambió de trabajo. No se dejan ir las habilidades adquiridas, ni los colegas o la experiencia ganada, sino que las consecuencias negativas de la experiencia. Las emociones (frustración, rabia, arrepentimiento, etc.), los pensamientos y juicios (me encantó, me pareció desagradable, etc.) son el material que, luego de un tiempo, se dejará ir. Y es luego de un tiempo porque cuando llega el momento de dejar ir, necesitamos ejercitar un poco la paciencia con nosotros mismos y darnos un momento para procesarlo todo. Todo se trata del tiempo en esta etapa.

 “Solo entiende dónde estás ahora y redescubrirás tu poder de hacer cambios” I Ching

La etapa del dejar ir es tan necesaria como un cierto sentido de estabilidad ya que la falta de certeza está muy presente en momentos de cambios. Durante este tiempo de transición dirigir nuestra atención hacia lo que realmente está pasando, sin prejuicios (experiencias pasadas), es la fuente de cordura y de conocimiento que nos permite tomar mejores decisiones, ejercitar nuestro poder personal, sacar a la luz nuestras habilidades y manejarnos a nosotros mismos de una buena forma. Es el conocimiento que nos enraíza y nos da opciones, que nos hace libres.

Para poder “ver” lo que hay ahí para nosotros, lo que la realidad nos pone justo en frente de nuestros ojos, necesitamos una cierta cualidad interior que se conoce como “ecuanimidad”. En este contexto la ecuanimidad es la capacidad que tenemos de mantener la visión sin engañarnos a nosotros mismos, de ver las fuerzas que operan en el aquí y ahora, y cuáles son nuestros recursos disponibles con ojos limpios, sin juicios o sesgos. Aunque es una cualidad natural del equilibrio interior, existen ciertos ejercicios como la meditación que la mejoran y desarrollan como dicen varios estudios científicos. Tiene sentido, después de todo, los ejercicios de introspección no solo son muy placenteros sino que también, y principalmente, reveladores.

Ecuanimidad también puede ser entendida como neutralidad, pero nunca como indiferencia. Permanecer indiferente es una forma de escapismo, una manera de negar la realidad. Pero aquí la realidad es lo que obtenemos y buscamos, es nuestra fuente de empoderamiento y cordura en tiempos de cambio y transición, no algo de lo que hay que desprenderse o escapar. Ecuanimidad se refiere, entonces, a una cierta actitud interna que nos permite lidiar con lo que está sucediendo sin sentirnos fuera de lugar, o, peor, fuera de nosotros mismos. Y es el pasaje más seguro para fundirse con la realidad.

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La paz interior está bien, pero la paz comunitaria es incluso mejor

Nací en un país donde cada vez que miraba la televisión escuchaba las noticias acerca de la intolerancia, el narcotráfico, secuestros, masacres, luchas violentas y bombas. Era sobrecogedor saber que habían tantos aspectos de nuestra patria que no estaban bien (o por lo menos, esa era la cara de la historia mostrada por los medios), y de cierta forma eso me causaba impotencia frente a cómo podría yo aportar a cambiarlo. Estoy hablando de Colombia y, viviendo en su capital Bogotá, contemplé la guerra más como espectador que cualquier otra cosa, mas esto no significó que no pudiera experimentar también el dolor de otros compatriotas que en las áreas rurales estaban viviendo el rigor del conflicto armado.

Soldados que antes marchaban para la guerra, ahora lo hacen para defender la paz

Los años pasaron y seguía sin encontrar dónde podría ser útil mi rol para reducir las tensiones aparentemente irresolubles del país. Sin embargo, poco a poco me adentré más a la búsqueda espiritual y encontré el concepto de la paz interior. Comencé a meditar, a tomar la vida con más calma, a tener una conciencia más plena sobre mis acciones y no tardó mucho tiempo para que viera una transformación personal. Y ahí comencé a ver cómo el cambio social profundo tienen fuertes bases en la coherencia personal y liderar a través del ejemplo. Si quería promover la paz y ayudar a mi país a poder gozarla de forma continua, era necesario comenzar por estar en paz conmigo mismo. No fue un proceso fácil, sin embargo, valió totalmente el esfuerzo. Muchas veces, tenemos problemas del pasado que aún no hemos superado, cicatrices que siguen abiertas y aún no han sanado y, relaciones donde no hemos intentado reducir la tensión a través de un diálogo profundo y significativo. Fue un proceso difícil y retador, pero al mismo tiempo transformador y me dejó muchas lecciones. Esta experiencia personal y los retos a los que me enfrenté no sólo ocurren a nivel individual pero hacen también parte de la identidad del país: tensiones aún sin resolver, conflictos entre distintos grupos y falta de diálogo y entendimiento entre la oposición y su contraparte. Por eso es que ahora siento un camino más claro frente a cómo aproximarme a la paz en Colombia. Sabiendo que a nivel personal pude encontrar un balance y desarrollar una paz interior (procesos que siempre continúan), qué tal escalarlo a un nivel más comunitario?  

Ex combatiente de las FARC leyendo una carta por la reconciliación

En la Cumbre Mundial de Premios Nobeles de Paz celebrada en Bogotá en febrero de 2017, encontré un ambiente que transpiraba paz por todos sus poros; lo curioso es que para algunos la paz es simplemente una palabra mientras que para otra es el sueño de una nación. Los que compartían esta última visión fueron precisamente los delegados juveniles presentes en el evento, colombianos apasionados por crear una narrativa de paz después de más de 52 años de guerra. ¿Quién podría ser mejor que esta generación emergente para escribir esta nueva historia? Uno de estas personas es Cristian Palacios, un ciudadano activo de Cali, aquella ciudad que en los 80s experimentó las consecuencia atroces del narcotráfico, teniendo una larga temporada de bombas, muertes y violencia generalizada. Cristian quería tanto como yo poder hablar con los laureados de los Premios Nobel de Paz, porque, ¿quién mejor que los líderes en temas de construcción de paz y resolución de conflictos alrededor del mundo para dar ideas de cómo aproximarse a esta fase posterior al acuerdo de paz en Colombia? Precisamente fue Kailash Satyarthi, Premio Nobel de Paz de 2014, quien en una corta conversación con Cristian Palacios y mi persona nos inspiró para dar vida a la campaña Cartas por la Reconciliación. Con el día de San Valentín bastante cercano, Kailash mencionó que esta vez sus destinatarios serían diferentes; escribir a los que amamos está bien, pero es aún más poderoso hacerlo a aquellos que están olvidados, que necesitan mayor apoyo y que se pueden beneficiar mucho de una palabra esperanzadora. Sus cartas serían leídas por refugiados este año. Tanto para Cristian como para mí la respuesta de quiénes serían nuestros destinatarios fue clara:  los ex combatientes de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).

Encuentro entre promotores de la campaña y ex combatientes

Cartas por la reconciliación comenzó como una campaña bastante modesta, con una idea y un pequeño grupo de jóvenes la campaña pronto encontró unas bases sólidas y más personas comenzaron a unirse. Vanessa Peñaloza comenzó a liderar la campaña en Manizalez, Carolina Consuegra hizo lo mismo en Barranquilla, Christian arredondo se empoderó para movilizar a sus amigos en Buga; vimos una ola de líderes emergentes en diferentes ciudades del país unidos con un mensaje para todo el país: Más allá de las categorías, todos somos colombianos y ciudadanos de estas tierras, necesitamos estar juntarnos en unidad para alcanzar esa paz que tanto deseamos. Podemos tener una conversación con el otro para cerrar esas heridas del pasado, hacernos conscientes de la oportunidad única que tenemos en esta instante presente y proyectar nuestros esfuerzos hacia ese gran sueño de dejar a las futuras generaciones una Colombia en donde puedan vivir de forma integral el concepto de paz.

Fotos del proceso de preparación de la entrega de cartas


Más de 2.500 ciudadanos han depositados sus cartas en el buzón de la reconciliación, ciudadanos que quieren ser defensores activos de la construcción del libro de paz de Colombia, donde las únicas explosiones sean de alegría, las fuerzas revolucionarias estén armadas de ideas para combatir la corrupción, desigualdad social y discursos de odio y, donde los únicos seres que se oculten en la jungla sean aquellos parte de nuestra rica biodiversidad colombiana.

Abrazo de reconciliación entre ex combatiente y estudiante

Aquí cabemos todos y podemos escribir cartas como la de Camila, quien lloró al organizar sus frases al descubrir que hay muchos más aspectos en común que tiene con los ex combatientes de las FARC que diferencias. O María, una víctima que perdió a su padre en el conflicto armado y quien tuvo un proceso de sanación al escribir su mensaje, que también le permitió encontrar perdón y la posibilidad de verdaderamente dejar ir la rabia y el resentimiento que se habían apoderado de ella por tantos años. O, podría ser tu propia historia, tus sueños y deseos de una Colombia en paz en donde todos podamos aportar. En últimas, el deseo de paz no sólo le pertenece a un país, sino que es compartido en cada una de las regiones que sigue experimentando conflictos que fragmentan su tejido social.