El impacto real de la paz interior. Parte IV: la meditación como fuente de felicidad, paz interior y equidad social

La meditación es una práctica ancestral. Se trata de un simple ejercicio que hacemos con nuestra mente, para hacer que se relaje de forma consciente. No es más que un cuidado personal, como el cepillarse los dientes, comer sano o salir a caminar.

Cuando meditamos y atraemos relajación a nuestra mente, dejamos ir nuestros pensamientos y con ellos, nuestras preocupaciones. Damos espacio a la mente para, simplemente, ser. Y en este estado libre de preocupaciones, de estrés, de pensamientos recurrentes… nuestra mente alcanza un estado de paz interior que podría describirse como “absoluta felicidad”.

Con la práctica de la meditación habitual, nos adentramos de forma natural en la práctica del mindfulness, o dicho de otra forma, adoptamos un estilo de vida más mindful, que no significa otra cosa que vivir la vida de una forma más consciente, usando el mismo grado de consciencia con el que relajamos nuestra mente durante la práctica de la meditación.

La plena consciencia es probablemente una de las bondades más maravillosas del mindfulness, porque gracias a ella, aprendemos a no dar por supuestas muchas cosas tan importantes como la vida y la salud, y con ello, a restar importancia a otras tenencias más superfluas como los objetos y las experiencias.

Y es este probablemente uno de los pasos iniciales para aprender a diferenciar entre necesidades y deseos, a título personal; y, para aprender a desarrollar más el sentimiento de empatía, hacia los demás. 

Así, entender que para ser felices no tenemos más que “ser”, a la vez que desarrollamos la empatía hacia la necesidad de “ser” de los demás, es la clave para tejer un modo de vida sostenible, en la que no permitamos que nuestros deseos excedan nuestras necesidades, en la que no dejemos que la satisfacción de los mismos requiera la explotación de los recursos de terceros, y por tanto, en la que contribuyamos a una sociedad justa y pacífica.

Tú tienes el poder de cambiar las cosas. ¿Quieres probar?

El impacto real de la paz interior. Parte III: cómo ser feliz de forma genuina

Acabábamos el post anterior con una pregunta retórica: de qué manera podemos solucionar la desigualdad medioambiental y social y hasta qué punto mi paz interior tiene algo que ver en este proceso.

Para ello hemos de volver al inicio de la reflexión y a los términos “necesidad” y “deseo”. La paz interior es sinónimo de felicidad, que el Diccionario de la Real Academia Española define como “estado de grata satisfacción espiritual y física”.

El problema no es ser feliz, ni nuestra felicidad ha de ser una amenaza para la integridad de terceros. El problema, radica más bien en el hecho de que escojamos fuentes de felicidad externas. “Cuando me compre un coche seré feliz”, “cuando vea a mi hermano seré feliz”, “cuando consiga un trabajo seré feliz”… ¿resulta familiar? Tendemos a buscar la felicidad fuera y lo que es peor –y más cruel hacia nosotros mismos- tendemos a postergar el estado de felicidad hasta que aquello que esta fuera llegue a nosotros. ¿Pero luego qué? Cuando conseguimos aquellas cosas, ¿hemos alcanzado un estado pleno de felicidad? ¿o solo un pequeño estadio de satisfacción pasajera? Generalmente, la respuesta común a todos, es la segunda. Y, como consecuencia, para generar más estadios de satisfacción (que equivocamos con pura felicidad), tendemos a querer más. Otro coche, cuando ve a mi hermano más a menudo, cuando este trabajo termine y logre uno mejor… haciendo girar así esa rueda de deseos cuyo alimento está fuera de nuestra capacidad y se extiende a los recursos de los demás.

¿Y si yo diferenciara bien entre necesitar un coche y desearlo? ¿Y si supiera ser honesto conmigo mismo y llegar a la conclusión de que no lo necesito sino que lo deseo? ¿Y si me comportara de forma respetuosa y optara por no satisfacer ese deseo innecesario? ¿Realmente cambiaría algo? Si… ¡tan solo es un coche y vida solo hay una!

Estas excusas son el denominador común de millones de habitantes en el mundo y es aquí donde llega la situación insostenible.

¿Cómo lograr entonces mi felicidad sin que ésta suponga la penuria de otros? O dicho de otro modo ¿cómo conseguir aplacar mis deseos y no frustrarme en el intento? ¿cómo conseguir ser feliz sin dar rienda suelta a mis caprichos? ¿Cómo conseguir que ser responsable y tener un modo de vida sostenible no me cueste mi alegría de vivir?

¿Has oído hablar de la meditación?

Cómo practicar la paciencia ante emociones negativas

Me gusta definir paciencia como la unión entre Paz + Ciencia, o sea, la ciencia de la paz. 

También, es la habilidad de sobrellevar circunstancias difíciles sin reaccionar con enojo. La paciencia se muestra en el buen ánimo con el que toleramos las dificultades de la vida. Ser paciente también es la comprensión de los hechos de la vida sin forzar nada ni a nadie, sin ningún esfuerzo. 

Entonces, si la paciencia es parte de nuestro estado natural, ¿por qué “perdemos” la paciencia? 

La paciencia se pierde a medida que se permite lo que no corresponde a nuestra naturaleza. Los enemigos de la paciencia son las emociones negativas como EL ENFADO Y EL ODIO, que traen consigo el sufrimiento. Estas emociones negativas se crean en la mente, porque la mente es como una esponja; absorbe tanto lo positivo como lo negativo, lamentablemente, está comprobado que la mente absorbe mas rápido lo negativo que lo positivo. 

En el mundo en que vivimos, diariamente recibimos mensajes de odio como las guerras, el abandono, y la injusticia.  En redes sociales y la television nos muestran una realidad cargada de falsedad y materialismo llamada consumismo. Todo esto la mente lo absorbe y lo acumula a diario. Es como si la mente fuera un vaso con agua y cada pensamiento negativo es una gota de tinta que cae en el agua y la va volviendo turbia y oscura. 

Si cuando nos encontramos frente a situaciones difíciles, la mente está turbia y oscura, en lugar de responder asertivamente, puede reaccionar con enfado y odio.

Si pasa algo que no quiero, me enfado…

Cuando alguien dice o hace algo que no me gusta, me enfado…

Cuando las situaciones no salen como yo esperaba, me enfado…

Si analizamos este patrón siempre hay “algo” o “alguien” que nos “roba” la paz o la paciencia. Si dejamos que todo lo que pase alrededor nos afecte, terminamos sufriendo. Y esto es porque estamos tan inconformes con la vida que siempre queremos algo más y ni siquiera sabemos qué es ese algo. 

Como dice el psiquiatra chileno Claudio Naranjo:

“La gente encuentra difícil ser feliz, porque piensan que felicidad es estar feliz con todos y con todo, ser feliz y nada más, reírse por todo. Pero si pudiéramos realizar que felicidad es estar serenos. ¡Y que esa serenidad se obtiene cuando uno está en el camino que escogió! no exactamente porque le vaya bien, eso seria muy fácil. Pero esperamos tanto de la felicidad que la hemos vuelto imposible.” 

Para poder terminar con el sufrimiento producto del enfado y el enojo necesitamos cambiar nuestros DESEOS. Los deseos son otra causa de sufrimiento, los deseos incontrolables pueden llevar a la muerte. Las personas se dañan así mismas, se auto-flagelan, sufren de depresión, ansiedad y terminan perdiendo por completo la paciencia.  

Todos enfrentamos obstáculos; si tienen solución no hay motivos para enfadarse, y si no la tienen, ¿en qué nos beneficia enfadarnos? 

Pero aquí hay algo importante, NO todo el sufrimiento es malo, los pequeños sufrimientos cotidianos que nos afectan física y emocionalmente, como el dolor y la enfermedad, también nos preparan para soportar grandes adversidades. Si todos los días nos familiarizamos con los retos, nos volvemos mas fuertes y cada vez se vuelven mas fáciles de resolver.

¿Cómo cultivar la paciencia?

Una de las formas más efectivas de cultivar la paciencia es teniendo CONFIANZA, confiar en que todo cuanto necesitamos nos llega en el momento y de la forma oportuna, sin ningún esfuerzo. A esto le podemos llamar esperar, “esperar pacientemente”. Si volvemos al ejemplo del vaso con agua, si dejamos que la tinta se asiente en el fondo del vaso, podemos ver con claridad y escoger responder de manera asertiva ante los problemas, en lugar de enfadarnos. Pero esto toma tiempo.

La confianza nos permite comprender que todo llega en el momento y de la forma oportuna. Por alguna extraña razón, los seres humanos hemos desarrollado la necesidad de controlarlo todo, incluyendo a otros. Esto genera grandes decepciones de cómo es la vida con respecto a lo que esperamos de ella. Mediante la práctica de la confianza, dejamos que todo fluya sin tanta necesidad de controlar, ¡fluir con la vida es mucho más relajado y efectivo que ir contra la corriente!

Una de las mejores prácticas para cultivar ese estado natural de ser paciente es la meditación. La mediation es un ejercicio para la mente, que es, como mencioné anteriormente, la fuente de las emociones negativas y deseos incontrolables. Esta herramienta nos permite:

-Aprender a lidiar con nuestros pensamientos y emociones 

-Conectar con nuestro estado natural de paz interior

-Limpiar las impurezas de la mente

-Controlar nuestros deseos

-Aceptar la naturaleza del mundo que es INCONTROLABLE

3 afirmaciones para cultivar la paciencia 

Luego de reconocer dónde se origina la pérdida de la paciencia, y entender que podemos controlar nuestros deseos para frenar el sufrimiento, podemos hacer una pausa y transformar nuestra experiencia de vida en una experiencia consciente de paz y serenidad. Las afirmaciones positivas son lo opuesto a los patrones de pensamiento negativos que normalmente utilizamos y son el punto de comienzo hacia el desarrollo personal.

Por esta razón deseo compartirles las siguientes afirmaciones para cultivar la paciencia en todas las áreas de la vida:

  • Practica aceptación 

Hoy, acepto a las personas, situaciones, y circunstancias a conformen ocurran. Yo sé que este momento es tal como debe ser, porque todo el universo es como debe ser. No voy a luchar en contra de todo el universo al luchar en contra de este momento. Acepto las cosas como son y no como quiero que sean.

  • Toma responsabilidad 

Hoy, tomo responsabilidad por mi situación y por todos los eventos que veo como retos. Evito culpar a otros o a mí mismo. Reconozco que todo reto es una oportunidad disfrazada, que me permite tomar este momento y transformarlo para mi crecimiento y expansión.

  • Permanece indefenso 

Hoy, renuncio a mi punto de vista, y no tengo necesidad de persuadir a otros a aceptar mis opiniones. Permanezco abierto a todos los puntos de vista y no estoy rígidamente apegado a ninguno de ellos. Elijo ser amable antes que estar en lo correcto.

Si deseas conocer más acerca de la meditación sigue aquí.

 

El impacto real de la paz interior. Parte I: la importancia de diferenciar entre deseos y necesidades

A menudo, cuando hablamos de paz interior, pensamos en relajarnos, en dejar ir el estrés, en tener un momento para nosotros mismos, en cultivar buenas costumbres… sin embargo, nos suele costar encontrar un sentido más profundo de los beneficios de la cultivación de la paz interior. Podemos entender que si conseguimos ser seres más pacíficos, conseguiremos también impactar más o menos a nuestro entorno de una forma positiva. Pero seguimos mostrándonos algo cínicos ante la posibilidad de aceptar que trabajar de esta manera en nosotros mismos pueda tener un impacto mayor a gran escala…

Hace unas semanas, un buen amigo (fundador de la organización Culture Clash que invita a los jóvenes a participar en la construcción de la paz) me invitó a la Casa de la Humanidad de La Haya, en Holanda, para facilitar una serie de reflexiones sobre la importancia de la paz interior durante el Día Internacional de la Paz.

La reflexión giró en torno a la relación entre la paz interior, la paz medioambiental y la paz social. Comenzamos preguntándonos y tratando de definir qué son cada uno de estos tipos de paz y tratando de encontrar de qué manera una impacta en la otra, comenzando por uno mismo y llegando a una escala global.

Para ponerlo de forma breve y sencilla: imaginemos que el mundo es una gran tarta de chocolate y que lo que cada persona busca a nivel individual en su vida, es poder comer un trozo de esa tarta porque eso le hace feliz. Sin embargo, muchas –quizá demasiadas- personas tratan de comerse un trozo más grande para así ser más feliz aún de lo que creen que pueden ser y por tanto, pasan a quitar algo de tarta a los demás. Como resultado, esta realidad en la que unos comen el trozo de tarta de otros, causa conflictos, llevándonos a pensar que la forma en la que uno hace crecer su felicidad, afecta directamente a la capacidad de otros de cultivar la suya.

Pero ¿qué es la felicidad? He ahí el quid de la cuestión. ¿En qué consiste la felicidad? ¿En satisfacer nuestras necesidades o en satisfacer nuestros deseos? ¿Sabemos diferenciar bien entre necesidades y deseos?

Aprender la diferencia entre necesidades y deseos es vital, a la hora de crecer como personas generosas o egoístas. Si deseamos identificarnos con la etiqueta de la generosidad, entonces deberemos aprender que la felicidad puede estar en los pequeños detalles de la vida como en tener necesidades que damos por sentado cubiertas -como tener un hogar, por ejemplo- evitando así hacer que nuestra felicidad radique en otros detalles no tan básicos –los deseos-. ¿Pero por qué? ¿Por qué mis deseos pueden afectar a los demás?

Piensa tú mismo y seguiremos hablando de ello en el siguiente post…

 

Aprendiendo de las necesidades reales de las personas en la vida

Hace unos años escribí en este mismo blog sobre la compasión y la empatía. Me acordé hace poco pues volví a pasar caminando por la Cocina Económica de mi ciudad natal, lugar que me inspiró para escribir sobre el tema.

Comparto hoy, varios años después, la misma reflexión.

Nací a final de los años ochenta y mientras me criaba en los 90, recuerdo el crecimiento de las tecnologías de la información y la comunicación a mi alrededor. Pasamos de no tener teléfono a tenerlo, de tener un teléfono con cable a tenerlo inalámbrico, de escribir notas a mano a mandar faxes, de redactar en máquinas de escribir a comprar ordenadores, de computadoras de sobremesa a portátiles, de enciclopedias de papel a internet y así un largo etcétera.

Era yo adolescente cuando los teléfonos móviles empezaban a llegar a nuestro mercado y pronto, todos los jóvenes empezaban a dejarse ver con uno. Naturalmente, como yo no quería ser menos que el resto de los niños de la escuela, también les pedí a mis padres que me compraran un teléfono móvil, y, por supuesto, dijeron que no.

Pero tras varios meses observando a mis amigos juguetear con aquellos aparatos (que de aquella solo permitían llamar y mandar mensajes de texto), sucumbí a la tentación y decidí comprar uno yo misma por Navidad. La felicidad fue instantánea, al igual que el miedo en pensar en la reacción de mis padres.

¡Y qué reacción!

Me hicieron pasar el día de Navidad en aquella Cocina Económica de mi ciudad, que recientemente volví a ver al salir a pasear. Y dijeron: “ahora aprenderás cuáles son las necesidades reales de tantísimas personas en la vida, y verás que tener un teléfono móvil no es una de ellas”.

Aquella fue una lección dolorosa, pero cambió mi vida. Servir la comida a personas sin hogar me ayudó a desarrollar mi sentido de la empatía y la compasión hacia los demás.

Y tú, ¿has tenido alguna lección inesperada en la vida que te ha ayudado a abrir los ojos hacia un nuevo yo?

La importancia de cambiar narrativas

Hace unas semanas tuve el placer de facilitar un foro organizado por UNOY Peacebuilders, una red a la que World Peace Initiative y Peace Revolution pertenecen y que se dedica a englobar organizaciones formadas por jóvenes y para jóvenes, con el objetivo de trabajar en el activismo de la paz.

Se trata de un foro que se organiza cada año en torno a una temática diferente y que reúne en torno a medio centenar de activistas de todo el mundo que vienen en representación de organizaciones que forman parte, o no, de la red UNOY.

Este año la temática era en torno a las narrativas y la importancia de cambiarlas. Es decir, tratamos de hacer que los participantes fueran más conscientes de las narrativas que dan forma a su vida y a su forma de entender a los demás, para que así comprendieran el peligro que éstas pueden suponer a la hora de generar ideas preconcebidas sobre terceros y el obstáculo que pueden suponer, por tanto, en la generación de conflictos, o en la incapacidad de aplicar soluciones a los conflictos ya existentes.

Todo el foro giró en torno a ejercicios, reflexiones, debates, conversaciones… que ayudaran no solo a crear una consciencia colectiva sobre este tema, sino que también motivaron a los participantes a buscar cuáles son las nuevas narrativas que desean instaurar en su entorno y pensar en proyectos que puedan ayudarles a extender estas nuevas ideas.

Uno de los ejercicios de reflexión que se hicieron, incluían el visionado de un TED talk de Chimamanda Adichie, escritora, novelista y dramaturga feminista nigeriana, que habla sobre el peligro de lo que ella llama “la historia única”, o lo que es lo mismo, el tener una sola versión sobre un acontecimiento que atañe a más de una persona.

Así, fijando nuestra atención en una única versión de una historia, es como creamos estereotipos, como juzgamos a otras personas, como somos incapaces de tratar de entender al otro, como no conseguimos resolver conflictos…

Aquel fue un ejercicio de reflexión interesante, pues me hizo pensar en algunos conflictos en los que me he visto envuelta y donde hace tiempo ya, aprendí gracias a la meditación, a verlos de otra manera. Bien es sabido que con la práctica de la meditación trabajamos la empatía; aprendemos más sobre nuestras emociones, con lo que entendemos mejor las de los demás. ¿No es acaso eso lo que necesitamos hacer para comprender “al otro”? Para entender de dónde viene, por qué se siente de la forma en la que dice sentirse, por qué actúa como actúa… ¿No se trata acaso de un entendimiento base para acercar posturas y tratar de encontrar la solución a los problemas que causamos y que son origen de separación en primer lugar? 

¿Y tú? ¿Puedes reflexionar sobre los conflictos que te rodean? ¿Puedes pensar en cómo trabajar tu empatía para comprender al otro y dejar ir las injustas narrativas que bloquean tu capacidad de resolverlos?

Cómo atraer energía de paz a tu vida

Me llevó muchos años encontrar las palabras para definir el estado de felicidad. Creía saber lo que era la felicidad, o quizá lo sabía por descarte por todas las ocasiones en las que no sentía esa sensación de plenitud. Pero quizá no entendí el verdadero significado hasta que empecé a meditar y no solo aprendí lo que era la paz interior y cómo generarla para mí misma, si no que empecé a saborear sus mieles y a comprender, por tanto, su importancia.

Fue cuando empecé a meditar, decía, cuando me di cuenta de que la felicidad era sinónimo de paz. De que ser feliz era en realidad estar en paz y de que cuando me sentía en paz, tenía la mayor sensación de felicidad al margen de cuál fuera la situación. Y así fue como empecé a valorar los pequeños momentos de felicidad y paz que tenía en mi vida, en contraposición con las grandes metas y vivencias que uno se supone que ha de tener para sentirse feliz.

A través de la práctica de la meditación, aprendí a vivir de una forma más mindful. Y así fue como esclarecí cuáles eran los pasos que me funcionaba poner en práctica para atraer la paz a mi día a día y con ello sentir una profunda felicidad. ¿Y qué mejor que pequeñas dosis de felicidad a diario?

  • Empezar el día meditando: sí, da pereza; sí, siempre tenemos muchas cosas que hacer… pero merece MUCHO la pena. Aplicar cierta disciplina y voluntad para sobreponernos a la frustración que nos puede generar establecer un nuevo hábito de vida es la forma de conseguirlo… y ¡no es para tanto! Luego, ya no supe dejar la práctica. Empezar todas las mañanas sonriendo ¿quién prefiere lo contrario?
  • Dejar ir la sensación de necesitar estar en control: sentir que necesitamos estar en control de absolutamente todo lo que rodea nuestra vida es una sensación común para encontrar seguridad. Sin embargo, con ella sobrecargamos nuestras capacidades hasta que acabamos prefiriendo no estar al cargo ¿cuántas veces no habremos disfrutado más de la simpleza? Dejar de pensar en el pasado y en el futuro, pues el uno no se puede cambiar y el otro no existe aún; y, disfrutar de la ligereza del no saber estar -ni querer estar- siempre al mando de todo es, sencillamente, maravilloso.
  • Aprender a ver el aspecto positivo de cada situación: muy a menudo tendemos a magnificar nuestros problemas y centrarnos mucho en ellos hasta hacerlos epicentro de nuestras vidas. En cambio, en muy pocas ocasiones prestamos esa atención a las buenas noticias que nos rodean. Hacer el ejercicio consciente de ver la positividad en cada situación es magnífico y gratificante.
  • Tratar a los demás de la misma manera en la que me gustaría que me trataran a mí: hubo una gran parte de mi vida en la que ni me fijaba quien pasaba a mi alrededor. Según aprendí a ser más consciente de mi propia existencia, empecé a serlo de la de los demás y empecé a sentir curiosidad por cuáles serían las circunstancias de vida de cada persona. Así, empecé a desarrollar cierta empatía que me ayudó no solo a tratar mejor a aquellos que no conocí sino también a aquellos con quienes no había logrado tener una buena relación. Aprendí que sembrar lo que uno quiere para sí mismo, es importante y empecé a disfrutar horrores de pequeños detalles como sonreír a los demás aunque aparentemente no hubiera una razón para ello. ¡Ser amable es gratuito y sienta bien a ambas partes!

Así fue como aprendí que la vida se puede vivir en dos estados: en paz o en resistencia. Y que yo prefería vivirla en paz y poner en práctica pequeños pasos que me ayudaran a conquistarla de forma diaria.

¿Cuáles son los pasos que te funcionan a ti? ¿Crees que algunos de esos se asemejan a ti y que podrías ponerlos en práctica? Sea como fuere, ¡no te demores en encontrar la forma de vida que te atraiga paz interna, porque será la forma en la que consigas llegar a ser feliz!

¿Pueden los animales y árboles mostrar empatía y altruismo?

La empatía es una parte genuína de nuestra propia naturaleza. De hecho, podemos mejorar esta cualidad entrenando nuestro cerebro  a través de la práctica de la meditación enfocada en la atención plena y la bondad amorosa. Pero, ¿somos los humanos los únicos seres capaces de mostrar esos trazos positivos de bondad, compasión y empatía hacia nuestros semejantes? ¿Qué sucede en otros animales y en el caso de los árboles? ¿Qué lecciones podemos aprender observando el mundo natural que nos rodea?

Empatía y altruismo en  animales 

La respuesta es que no somos únicos en ello, y observando el reino animal podemos encontrar muchos ejemplos de ayuda y colaboración mutua entre animales. En su libro “El tiempo de la empatía”, el biólogo Frans De Waal muestra innumerables relatos de comportamientos altruistas y empáticos en diversas especies de animales, evidenciados a partir de estudios científicos de grandes primates, como chimpancés, bonobos y capuchinos. Estos estudios evidencian que poseen una verdadera capacidad para la justicia y la reciprocidad;  se preocupan por sus congéneres y están dispuestos a acudir en ayuda de sus semejantes, en algunos casos poniendo en riesgo sus propias vidas.

Algunos comportamientos estudiados en chimpancés, por ejemplo, muestran también cómo estos trazos de empatía y compasión son los que mantienen la cohesión y la armonía social en los grupos. Así, individuos machos o hembras que ocupan las posiciones jerárquicas mas elevadas pueden tener papeles claves en la resolución de los conflictos en los grupos, con frecuencia interviniendo cuando las disputas entre los miembros comienzan a volverse más agresivas y ayudando a mediar en la reconciliación. Estos individuos son, entonces, extremadamente importantes en el mantenimiento de la paz y la supervivencia de los miembros de sus grupos.

Pero, ¿y las plantas? “The Wood Wide Web”

Wood Wide Web por “Hiking Artist”

Recientemente, ha sido descubierto que la empatía es un rasgo ancestral caracteriza no solamente a los animales, sino también a las plantas. Estudios realizados por Suzanne Simard quien lleva más de 30 años investigando la comunicación entre árboles en bosques templados,  nos muestran como los árboles tienen un intrincado sistema de comunicación en el suelo a través de sus raíces que se extiende inclusive por kilómetros en el bosque, como si fuera una inmensa red secreta subterránea; esta red ha sido llamada como “la amplia red de madera” (en inglés, “The Wood Wide Web”).  Este sistema de comunicación y de intercambio de información por redes es verdaderamente brillante: se llama “micorriza” y consiste en la estrecha relación que mantienen las raíces de los árboles con un tipo de hongo que crece alrededor de ellas, y que promueve la comunicación entre un árbol y otro, permitiendo incluso que distingan entre los que son sus parientes directos y los que no. 

Este sistema de comunicación es tan completo y efectivo que ayudan considerablemente en supervivencia de los árboles, ocurriendo acciones coordinadas ante emergencias y de solidaridad notables. Así, estas redes subterráneas entre raíces y hongos les permite transferir nutrientes, compartir información sobre peligros como las plagas, y también les permite atacar con químicos tóxicos a plantas invasoras o animales depredadores. Cuando un árbol se siente amenazado por una plaga (ataques de insectos, por ejemplo) o por otras plantas como malezas, lanza una señal a los demás árboles para que se produzca una barrera de protección en forma de sustancias volátiles que modifican la producción de proteínas, dándole a las hojas un gusto desagradable. 

Solidaridad en el Reino Vegetal

       Imagen: creditos 

Por otro lado, los árboles más grandes (llamados “Hubs” o “Árboles Madre”) ceden parte de sus nutrientes a los más pequeños, siendo los encargados de favorecerlos y protegerlos para su buen crecimiento. Pero esta ayuda no ocurre solamente entre individuos parientes de la misma especie, sino entre varias especies que son interdependientes, lo que representan ejemplos de solidaridad en el reino vegetal.

Al respecto, la investigadora Suzanne Simard comenta: “Todos sabemos que favorecemos a nuestros propios hijos, y por eso me pregunté si el cedro podría reconocer a plántulas de su propia especie. Así que iniciamos un experimento, en el que cultivamos árboles madre con plántulas que eran familiares y otras que eran ajenas. Nuestros resultados mostraron que ellas no solamente sí reconocían a sus parientes, sino que  los árboles madre colonizaban a sus plántulas con redes micorrizales mayores, les enviaban más carbono bajo tierra, e incluso reducían la competencia de sus propias raíces para crearle más espacio a sus hijos. También vimos como cuando los árboles madre estaban heridos o muriendo, enviaban mensajes de sabiduría a la siguiente generación de plántulas. Así descubrimos que los árboles realmente hablan entre ellos“.

Imagen de la portada:  Por Fabian Blank, tomada de Unsplash. 

¿Cómo salir de tu zona de confort?

La zona de confort es un término que usa la psicología para definir un límite, espacio, territorio mental que como individuo ocupas, delimitando la zona de acción.  La zona de confort está delimitada por tus hábitos, rutina, conocimiento, actitudes y tu comportamiento. Es algo que conoces y es familiar para ti, esta es tu zona de dominio. Son las cosas que haces día a día.

Recién en un grupo de Facebook en el que pertenezco Medita.Conecta.Vive una amiga mía Tania hizo un reto para salir de la zona de confort que me inspiró a escribir este artículo.  Hay cosas que resonaron en mí y que quiero escribirlas y compartirlas con cada uno de ustedes.

Saliendo de mi zona de confort he logrado muchos objetivos que me he planteado en la vida y veo cómo las personas mas exitosas triunfan porque constantemente están sobrepasando sus límites. Me ayudó también a darme cuenta que el principal límite para no lograr las cosas que deseo soy yo misma, mi mente, y que para salir de mi zona de confort  no necesito hacer nada muy radical que ponga mi vida en peligro, pueden ser cosas pequeñas en mi día a día que con el tiempo significan cambios grandes y resultados importantes que deseo lograr.

Estos 4 consejos están muy relacionados  con tus hábitos comportamientos y actitudes:

1) Desarrolla un hábito positivo: “pequeños hábitos, grandes resultados” Hace poco supe de una técnica que te ayuda a desarrollar hábitos nuevos por ejemplo, el Iniciar una rutina para correr.  Esta técnica se llama mini hábitos; te recomienda empezar con pasitos pequeños para que poco a poco vayas integrando como parte de tu vida.  Inicia una rutina de la semana que sea sencilla para ti puede ser tres veces a la semana. No necesariamente todos los días puedes iniciar incluso sólo saliendo a caminar por 10 minutos y poco a poco ir logrando tu meta de correr tres veces a la semana y lograr una media maratón a un año. Lo importante de desarrollar un hábito nuevo es hacerlo regularmente, la clave está en la constancia.

2) Aprende algo nuevo: aprendí a hacer yoga y pararme de cabeza saliendo de mi zona de confort decidí hacer un reto de “100 días y mas” de yoga y pararme de cabeza. “100 días y más” es un grupo qué te apoya a aprender y practicar durante 100 días aproximadamente una hora al día lo que tú deseas aprender. Este reto significó salir de la zona de confort para mí porque tenía que ajustar mi horario, mi rutina, tenía que dedicar una hora el día a algo nuevo, lo que muchas veces significaba sacrificar algo que me gustaba hacer como ver película por hacer yoga.

3) Cambia algo en tu rutina cada día:  puedes elegir una ruta nueva al trabajo, a la universidad,  cepillarse los dientes con la mano izquierda no con la derecha como usualmente lo haces,   probar una fruta nueva o una comida nueva. Esto ayuda a que tu cerebro se acostumbre al cambio,  como seres humanos naturalmente no nos gusta el cambio. este ejercicio diario obliga a tu cerebro a tener una experiencia nueva cada día dándole el mensaje  que el cambio no es algo negativo sino más bien algo positivo.

4) Haz algo que te dé miedo: el miedo te paraliza automáticamente; es como un instinto de supervivencia,  porque tu cerebro está recibiendo la información de una situación de peligro. Muchas veces no logramos las cosas que queremos hacer por miedo a dar ese paso y es frustrante porque muchas veces este miedo es incluso inconsciente. Podemos tener miedo a cosas simples como preguntar por una dirección a un extraño o saludar con una sonrisa.  Te invito a que busques eso que te da miedo y te animes a hacerlo; puede ser algo pequeño como contar un chiste frente a tus amigos o algo más riesgoso por ejemplo saltar en paracaídas.

Ahora te invito a que agarres una hoja de papel y empieces a anotar con la mentalidad de un niño sin límites y con confianza.

¿Cómo vas a salir de tu zona de confort?

Respiro profundo: Meditar en Tailandia

Lucila Voloschin ha viajado en tres ocasiones al sudeste asiático para estudiar con monjes budistas. Su experiencia invita a los jóvenes a conocer el Programa Peace Revolution.

He tenido la maravillosa oportunidad de viajar becada tres veces a Tailandia, para asistir a un programa de Meditación y Desarrollo Personal ofrecido por monjes budistas y organizado por el Proyecto Peace Revolution de la ONG World Peace Initiative Foundation. Me he formado como instructora certificada en Meditación y he organizado la visita del Monje Budista Luang Phi Pasura Dantanamo a Mendoza en dos ocasiones.

Las vivencias profundas de estos encuentros y la posibilidad de compartir con personas de distintas partes del mundo son instantes que atesoro. Hoy comparto este texto personal, escrito durante mi primera experiencia en el Santuario de Mooktawan, Isla Ko Yao Noi (Tailandia). Mi intención es que más jóvenes del mundo y especialmente de Argentina se animen a vivir esta experiencia e incorporar en sus vidas el poder de la meditación. La convocatoria a este programa se encuentra abierta hasta el 15 de agosto.

Sesión de meditación guiada. Cortesía: Peace Revolution

El sol benévolo

Desprovista de todo estímulo habitual, mi mente rebelde buscaría desesperadamente dónde posarse. Los espacios usuales de retozo habrían desaparecido. Y con ellos, los vínculos que los rellenan y dan forma.

Me despierto cuando todavía es de noche, envuelta entre sonidos desconocidos pero bulliciosos, cantos y respiros de mosquitos, ranas, iguanas y otras criaturas que orquestan un coro nocturno.

Subo alto, muy alto en la pendiente y mi corazón late como si quisiera escaparse del pecho. Camino lento. Cerramos los ojos. Me entrego de lleno a la primera sesión de meditación. Una hora después, con sensación de entresueños, mis párpados perciben la ligereza de la isla que despierta.

Sigo subiendo un poco más, otra vez mi corazón se acelera, pero arribo triunfal a la cima: victoriosa plataforma de horizontes circulares y eternos. La luna se despide para dar paso a los primeros colores diurnos, cambiantes, azules y lilas hacia ocres y rojizos. Se asoma tímido detrás de las montañas un sol que a esa hora se presenta benévolo.

Respiro profundo y contemplo la vastedad. Esta naturaleza se me impone, con firmeza y suavidad. Saco mil y una fotos para atesorar en mis pupilas; es uno de los rincones más bellos donde he estado. La práctica matutina de yoga me oxigena, despierta los músculos somnolientos y revitaliza. Luego nos quedamos jugando, riendo, volando. Compartiendo con amigos de países remotos.

Sólo bajamos cuando el hambre toca con levedad nuestra conciencia. Sabemos que nos espera un desayuno generoso y colorido.

Calmar la caravana circense

Vuelvo a subir alto para cerrar los ojos nuevamente. Esta vez al aire libre, en algún escenario natural, entre sombras que refrescan y envuelven la segunda sesión de meditación.

Abro los párpados, me acuesto de espaldas con la mirada renovada clavada en el cielo, fija pero movilizada, viendo más allá de las nubes y con una alegría irreconocible.

Me nutro de sabores exóticos, aunque no siempre deseables, a veces dulce, agrio, picante y salado en un mismo bocado.

Aprovecho la pausa y me sumerjo en el agua que apacigua este caluroso incendio.

Subo nuevamente, mis latidos están aún encaprichados y mi cuerpo tan deshabituado a esta humedad pegajosa. “No estoy hecha para la combinación del calor y la humedad extremos”, me lo repito varias veces como si me trajera algún consuelo.

Sesión de meditación guiada. Cortesía: Peace Revolution
Sesión de meditación guiada. Cortesía: Peace Revolution

Desafío la inercia de la siesta y vuelco la mirada hacia adentro para meditar nuevamente. Al abrirlos, mis oídos devoran retazos de historias de vida. Sacrificios elegidos, nostalgias aprehendidas, una combinación de sabia disciplina y compromiso admirable.

Monjes Budistas que alguna vez no lo fueron y eran como nosotros. Ahora nos cuentan qué es eso de ser Monje y meditar. Calmar la caravana circense de la mente aunque sea por unos momentos. Dejar un poquito de lado las expectativas futuras y los fracasos pasados. Descansar.

Ellos están sonrientes. Esto sobre todo fue lo que me sorprende y alivia. Son alegres, humildes, interesantes, curiosos y abiertos a discusiones. Veo una mirada que no reconozco y no puedo asociar a algo conocido. Otra forma de ver las cosas, los problemas, la vida. Un modo distinto de esbozar la pregunta y mostrar lo simple.

Tengo tiempo para pasar el tiempo. Con la posibilidad de buscar y compartir compañía, con otros o conmigo. Escucho historias que me inspiran. Personas apasionadas.

La cena hecha limonada, té frío Thai, yogurt, jugos. Y una última subida. Con mis piernas y mi pulso. Para cerrar mi jornada con una meditación nocturna.

Explosiones creativas que me expanden. Ideas que cobran vida y se conectan mágicamente.

Desconectada de mi teléfono, computadora, reproductor de música, seres queridos. Aislada de mi entorno habitual. De mis comidas predecibles y mis deberes diarios.

Me olvidé de qué día era hoy y pasé a ocuparme de lo que estaba haciendo ahora. Era ése mi margen temporal. No tendría que preocuparme por qué comería ni a qué hora, dónde dormiría ni qué haría.

Todo estaba previsto y provisto, cada detalle, y con tanto cariño. Entregarme era el desafío. A las condiciones más anheladas de estabilidad, naturaleza y contención. Tan sólo debía estar allí: Presente, increíblemente a veces lo más difícil.

Tanta limpieza, barridos, lágrimas, recuerdos alegres y tristes. Reprocharme y reconciliarme conmigo misma, todo lo que pasó y no pude evitar. Pero al mismo tiempo lo que ocurrió y elegí que así fuera. Una tormenta de emociones se hizo presente sin pedir permiso. Desde lo subterráneo, surgieron interrogantes.

Y luego, de a poco, desde el fondo la oscuridad se vuelve más clara. Como cuando después de apagar la luz, los ojos se acostumbran a la penumbra y vuelven a ver. Me abracé fuerte, con ganas. Por instantes leí claramente mis verdades. Me sentí unida y vi nítidamente el hilo mágico que he trazado y me ha conducido, invisible pero presente. Una sensación llena. Interna.

Lucila Voloschin: Licenciada en Sociología, apasionada por procesos de autoconocimiento, crecimiento y desarrollo holístico. Practicante y profesora de yoga, bailarina, coach, viajera incansable y escritora de crónicas de viaje.

 

Para saber más de la convocatoria que que está abierta hasta el 15 de agosto visitá: Peace Revolution

Este artículo fue originalmente publicado en la edición “Estar Mejor” de MDZ online aquí.