Cómo cultivar el mindfulness

Minfulness se ha convertido un término de moda de un tiempo a esta parte. Sin embargo, en muchas ocasiones se malinterpreta y desconoce su verdadero significado, más aún cuando se aplica en el contexto de la meditación.

Hay estados mentales, sensaciones o sentimientos que en ocasiones son difíciles de describir, y que algunas lenguas han tenido la capacidad de recoger en un solo término. Este es probablemente el caso de mindful, que, quizá por su afilada certeza en describir un estado mental, se ha adoptado con naturalidad en nuestro propio idioma.

El diccionario define el sustantivo mindfulness con tres sinónimos: attentive, aware, careful; o lo que es lo mismo, atento, consciente, cuidadoso. La acción de practicar el mindfulness convierte a una persona en mindful. Y he aquí una curiosidad; bajo la misma pronunciación se pueden entender dos palabras diferentes, con un significado exactamente opuesto y cuya diferencia cobra aún más sentido simbólico si hablamos de su aplicación literal en el contexto del estudio de la mente… Ambas palabras se diferencian tan solo por una consonante: mindful o mindfull. Lo que en castellano serían, tener o poner atención plena en cada cosa que se hace, y tener la mente llena, respectivamente.

[Fuente: https://peacerevolution.net/]

¿Cuál es la diferencia?

Pasamos media vida con la mente anclada en el pasado y en el futuro. Pensamos en el pasado lejano lamentándonos por cosas que hicimos y evocando recuerdos de vivencias que nos gustaría repetir, a la vez que estamos pendientes del pasado inmediato constantemente ¿dónde dejé las llaves? ¿cerré la puerta del coche? Lo mismo ocurre con el futuro; nos recreamos en imaginar situaciones futuras a la vez que necesitamos pensar en el futuro inmediato para nuestra toma de decisiones inmediatas; ¿qué comeré? ¿llamaré hoy a tal persona o mejor mañana? En definitiva, llenamos nuestra mente de pensamientos, y nos convertimos en mindfull, en mentes llenas.

Estar con la mente en el pasado y el futuro conlleva a que le reste poco espacio para concentrarse en la situación actual, la que estamos viviendo aquí y ahora, en definitiva, al único momento que verdaderamente nos pertenece y sobre el que realmente tenemos control. De este modo, pasamos a meter esta realidad, muchas veces cargada de rutina, en el saco de lo mundano, de aquello que se hace sin pensar, pasando así también a vivir de un modo en el que la multitarea no solo se premia sino que se motiva intencionadamente… ¿por qué no iría yo a aprovechar a leer los últimos titulares en mi teléfono mientras me preparo un vaso de café y me lo bebo como desayuno?

Como consecuencia, vivimos una vida a la que nosotros mismos le restamos interés. Algunos, para recuperar la plenitud, se someten a experiencias extremas, “vivir la vida a tope”. Otros, buscan todo lo contrario; ser mindful, o lo que es lo mismo, poner atención plena en todo lo que hacen, sin importar cuán de mundano y rutinario parezca, para conseguir la misma sensación: ESTAR VIVIENDO LA VIDA CON PLENITUD, CON CONSCIENCIA aprendiendo así a disfrutar de ella en cada momento.

¿Por qué no iba a ser un disfrute preparar el desayuno de cada mañana, oliendo el aroma que desprenden los granos de café al ser molidos, escuchando el sonido de del agua ebullendo borbotones de café, preparando la mezcla perfecta de ingredientes en una taza, paladeando los primeros sorbos…? Ser capaces de disfrutar de algo así requiere entrenar la mente para estar concentrada en una única cosa. Pero lo que es mejor, esta consciencia de los pequeños detalles, acaba por atraer GRATITUD. Gratitud por un día más, por una mañana más, por un desayuno más… ¿o es que acaso tenemos la garantía de que el café de la víspera no fuera a ser el último?

Vivir la vida de forma mindful o con atención plena son el resultado lógico de la práctica de la meditación. Con ella, aprendemos a parar la mente, a llevarla a un estado de quietud, a observar y a ser neutrales. Y, lo que es más importante, con este descanso mental atraemos un profundo bienestar, una fuente inagotable de positivismo.

¿Y tú? ¿Quieres ser mindfull o mindful?

Los beneficios de la meditación en las relaciones sociales

A menudo, cuando se habla de los beneficios de la meditación, aquellos que no han meditado nunca pueden percibir que esta práctica se vende como una panacea, como el remedio para todos los males, algo demasiado bueno para ser cierto y sobre todo, con aparente aplicación a todos los aspectos de la vida.

Yo misma, aunque soy una persona que tiende a entusiasmarse al comienzo con cualquier nuevo descubrimiento o reto, así lo creí. No obstante, también soy una persona que tiende a abandonar enseguida aquellas prácticas que siento no me aportan lo suficiente. La meditación no necesita de una fe ciega al comienzo de su práctica, sabiendo que tarde o temprano se notarán los beneficios y que así empezaremos a palpar las razones reales de por qué seguir meditando, y por tanto sentir la motivación para meditar. Al contrario, es un ejercicio relativamente fácil cuyos beneficios se comienzan a sentir bastante temprano. Y sí, todos ellos están relacionados ¿cómo no va a estar relacionado el beneficio de mi paz mental con el beneficio de mi salud, o el beneficio de entender mejor a los demás, o el beneficio de ser más paciente…? Por tanto, sí, la meditación puede ser aplicable a muchos (si no todos) los sentidos y aspectos de la vida.

Probablemente esto fue para mí más patente en cuanto a mis relaciones. Cuando comencé a meditar allá por 2013 ¡cinco años ya! Practicar meditación me aportó pronto el beneficio de la consciencia; de ser más consciente sobre todos los aspectos de mi vida, empezando por mí misma, por conocerme mejor, observar mis cambios y tratar de reflexionar desde un punto de vista distante sobre el por qué de mis comportamientos. Esto me ayudó a desarrollar una empatía profunda por mí misma, una sensación de comprensión mayor que me permitió corregir hábitos de comportamiento a la vez que abrazaba mi propia naturaleza. Pronto, este sosiego fue trasladándose a mi forma de percibir a terceras personas. Comencé a escuchar y comprender más a la vez que procuraba juzgar y distanciar menos.

No cabe duda de que somos seres sociables y de que a lo largo de nuestra vida nos relacionamos con muchas personas en una infinidad de diversas situaciones. A veces se escoge con quién, cómo, cuándo, dónde y por qué, pero en otras muchas ocasiones debemos lidiar con situaciones que nos vienen dadas, donde tratar con terceros puede resultar convertirse en un reto. Partir de la comprensión y la empatía fue un cambio radical en mi forma de relacionarme y sobre todo, y más importante aún, en la forma en la que dichas relaciones y los sentimientos que me generaban afectaban mi salud mental.

[Foto Fuente: http://www.expansion.com/]

 

Buscando espacio para la creatividad

“Todos tenemos talento, si sabemos descubrirlo”

Ken Robinson

A menudo cuando se habla de creatividad, la mayoría de la gente cree que esta es un don con el que se nace, o como mucho, una cualidad que se puede ejercitar, pero solo por parte de aquellas personas que se dedican de algún modo a crear cosas, es decir, los artistas. Sin embargo, la creatividad forma parte de la vida cotidiana de cualquier persona de muchas maneras.

La creatividad es una cualidad de la mente que permite pensar nuevas ideas, pero no necesariamente ideas artísticas, sino todo tipo de ideas, como aquellas que pueden aportar soluciones a diferentes problemáticas mundanas y afrontar retos, por ejemplo. Es decir, la creatividad la puede desarrollar cualquiera y para cualquier ámbito:

En realidad, vivimos en un mundo imaginario donde todo es producto de la idea que alguien tuvo anteriormente. Todos tenemos esta capacidad, pero hemos de desarrollarla. ¿Cómo? He aquí la respuesta ofrecida por Ken Robinson, experto en desarrollo de la creatividad, a Eduard Punset: la creatividad necesita de cuatro ingredientes: en primer lugar, encontrar el elemento de uno, aquello que le hace feliz; en segundo lugar, tener pasión por esa práctica; en tercer lugar, ser disciplinado en la misma; y, en cuarto y último lugar, ser arriesgado y lanzarse adelante con los proyectos relacionados a ésta aún cuando fallen.

La mente necesita de espacio para sacar nuevas ideas adelante, de la misma manera que necesitamos pararnos y concentrarnos en pensar cuando tratamos de recordar dónde dejamos apoyadas las llaves. Ahora mismo, si nos dieran un papel garabateado entero y nos pidieran que en él escribiéramos nuestro nombre ¿qué haríamos? ¿escribirlo sobre los garabatos? ¿tratar de encontrar un hueco pequeño libre de tinta para hacerlo? ¿o dar la vuelta al papel para escribir nuestro nombre sobre superficie vacía? Quien opte por la última opción no solo demuestra ser creativo sino que explica en sí mismo el ejercicio que se ha de hacer para serlo. La mente necesita de espacio para ser creativa de la misma manera que nosotros necesitamos de espacio en un papel para escribir nuestro nombre, y el espacio mental lo puede aportar la meditación.

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“Mi mamá me mima” o cómo definir la definición de amor más puro

Nunca vas a sentir el amor incondicional hasta que te conviertes en mamá, dicen por ahí… Me he inspirado en esta frase que aprendes a leer en tus primeros años de vida: “mi mamá me mima” ya que es de las primeras cosas que aprendes a leer.

Has pronunciado mamá desde que tienes memoria

Probablemente mamá es la primera palabra que aprendiste y pronunciaste. Y supongo es natural por el lazo que siempre va a existir con ella.  Hace unas semanas durante una platica mi mamá dijo: puedes perdonar todo a tus hijos sin importar lo que hayan hecho por el simple hecho de haberlos parido.

Y me he quedado pensando esto porque, la mayor parte del tiempo o, en esta búsqueda de la felicidad, lo que buscas es encontrar tu propia versión de amor. Y ahora es mi madre quien habla desde su trinchera.  Desde chicos nos vamos construyendo un concepto propio a través de la experiencia, sin embargo, las primeras experiencias son aprendidas en el núcleo familiar.

Del perdón nace el amor

Y sí, a palabras de mi madre, te perdono porque eres mi hija,  me deja pensando en lo siguiente.  Uno no conoce cuánto te puedes querer o querer a alguien hasta que hiere las fibras más profundas del alma y es el amor incondicional el que cura la herida.

Pero el perdón es el eslabón que va a unir estas dos cuestiones, sin embargo, es el amor quien va a soldar los eslabones y hacerlos más sólidos. Es ahí cuando logras tocar entre amor y dolor cuando perdonas, cuando en realidad te planteas seguir adelante y dejar ir el dolor. Y frente al dolor, la posibilidad de trascender una relación fundada en la pureza.

El amor se sublima cuando lo cultivas dentro de ti…

En la meditación encontré una manera pacífica de cultivar el amor y abastecerme de energía positiva. Sin sonar muy mística ni dar una denotación esotérica, meditar ha traído grandes beneficios, sobretodo el de aprender a auto observarme, ir aceptando cada uno de mis defectos y virtudes. Y es a partir de esta aceptación que la carga mental se libera y aprendes a quererte sin la dependencia de algo externo para saber que te quieres.

No necesitas más que encontrar calma en tu interior para que poco a poco encuentres la forma de cultivar el amor, una vez que te aceptas tal cual eres, te perdonas y vives más presente. Es aquí donde te vuelves incondicional de ti misma y te preparas a expresar el amor en sus diferentes matices.

Photo credit: Marcie.

 

 

Trae el amor real a tu vida, cariño

neon heart

Sobre desear el infinito mientras se experimenta lo finito. Pensamientos sobre el amor. Parte II.

Escribir y hablar sobre el amor incondicional no es difícil. Lo complejo es traer ese amor magnífico, metafísico, a nuestra vida diaria, a nuestras relaciones. Eso es otra cosa. En momentos de crisis entramos en ese espacio en donde el amor no es placentero ni alegre, sino desafiante e incierto. [Tal vez] amamos incondicionalmente pero nuestras personalidades chocan de vez en cuando, nuestras inseguridades aparecen, no sabemos hacia dónde estamos yendo, experimentamos todo tipo de decepciones, satisfacciones, dudas, certezas, frustraciones, felicidad y sí, penas también. Hay un poco de todo allí.

En este afán por llenar mi vacío. / En ese afán por querer mirar y ver en ti lo que ilusoriamente me falta./ En ese afán de mi mente por experimentarte para encontrarme. / En ese afán me olvidé y encontré en el silencio la desintegración de todas las formas, mi propio reflejo.” Yasmín Navarrete [“Por Descartes”]

Cuando practicamos la meditación de la bondad amorosa (también conocida como Metta), expandimos nuestras mentes, dejamos de pensar solo en nuestro beneficio y reemplazamos, al menos por algunos momentos, nuestros pensamientos de “Quiero” y “Dame” por “Que todos los seres sintientes sean felices”, “Les deseo bien a todos”. Si realmente nos atrevemos a mirar dentro de nosotros mismos y reconocer nuestros propios demonios, concordaremos con que esos momentos de cese del egoísmo no tienen precio. 

Sabios han enseñado (aprendí esto de sacerdotes Católicos y de monjes Budistas) que el dar es lo que hace que nuestras relaciones crezcan y prosperen, las hace saludables y satisfactorias. No sorprende entonces que el dar sea una forma de bondad amorosa y una manera de ir más allá de los límites de nuestra naturaleza reactiva o ego. La forma en que integramos la bondad amorosa practicada en la meditación a nuestra vida es dando. Nos expandimos y salimos de nuestra naturaleza egocéntrica cuando damos, aún en circunstancias estresantes o restrictivas.

Pero seamos cuidadosos con esto: no porque el dar es la vía del desarrollo y crecimiento vamos a tolerar situaciones o relaciones abusivas, y continuar dando a nuestro propio costo. Lo que podemos practicar es dar, y encontrar formas creativas de hacerlo cada vez, no solo cuando nos sentimos bien y los sentimientos son recíprocos, sino que especialmente cuando estamos bajo la influencia de nuestro propio ego, cuando queremos reaccionar, cuando queremos gritarle a nuestra pareja o amigo/a, cuando nos sentimos víctimas de la situación, inseguros de la relación, cuando nos quejamos, cuando juzgamos, cuando culpamos, cuando damos por sentada nuestra relación. Ese es el trabajo que el amor, el amor real, nos guía a hacer. Nunca nos llevará a la autodestrucción, sino que a una existencia más y más placentera y completa.

El Ego no tiene memoria de la experiencia del amor. Si realmente estás enamorado/a, por ese momento un éxtasis ocurre: el ego no está allí. Los límites se encuentran, se mezclan, desaparecen entre sí.” Osho [traducción del original de la autora]

La naturaleza del amor es incondicional, infinita, pero vivimos en una realidad condicionada (experimentamos límites materiales, de espacio y tiempo, estamos social/culturalmente condicionados, tenemos creencias personales de cómo las cosas “debieran ser”, necesidades individuales, nuestro propio carácter, etc.). Considerando esto, escribir sobre el amor incondicional parece ingenuo, ilusorio o idealista, así que… ¿qué hacemos? Mientras tanto, nada. Nuestra única responsabilidad es mantener nuestro ego a raya, transformar esa energía, cuando surge, en algo para dar, y volverse así un poco menos egoísta en el proceso… después de todo no solo nuestras relaciones cercanas se benefician de esto, sino también nuestra ocupación: ¿qué mejor que una empresa que busca contribuir positivamente a la sociedad? ¿Qué mejor que alguien que trabaja no solo para sí mismo sino que también para los demás? Simplemente dejamos que el amor fluya, que continúe su viaje y que nos estire y apriete hasta que finalmente comencemos a abrirnos a la posibilidad de que el amor no se trate de nosotros o sea para nosotros, sino que a través de nosotros.

Lee aquí la primera parte de este artículo

Créditos de la imagen @imvibhishan

El Cuidado Psicológico o de la Mente

Mente en paz

Nuestros elementos humanos necesitan mantención. La teoría de la meditación entiende que nosotros, como seres humanos, estamos compuestos por cuerpo y mente que se relacionan entre sí como el software y el hardware lo hacen en la computadora. Sabemos, además, que si no le prestamos mucha atención a cualquiera de esos elementos, surgen enfermedades y el proceso natural de deterioro se acelera. Nuestro cuerpo necesita cuidado – agua, abrigo, ejercicio, comida. Y nuestra mente, nuestro mundo interior, nuestra conciencia, necesita su trato apropiado también. A este tipo lo llamamos Salud Mental o Cuidado Psicológico.

Para sensibilizarnos sobre nuestra propia salud requerimos experimentar la enfermedad. No hay de otra forma. Experimentar ambos lados de la moneda nos entrega conocimiento, y al enfermarnos entendemos que necesitamos cuidar cierto aspecto de nuestra salud que no habíamos atendido antes. Ver esto en nuestro cuerpo es fácil, un par de días de gripe bastan para prestar atención a las causas y tratar de prevenir la misma experiencia en el futuro. Para nuestra mente, cuando estamos agotados, estresados y en colapso, creando caos en cualquier aspecto de nuestra vida, es cuando nos damos cuenta de que tenemos que aprender a cuidar de ella.

La meditación es una de las formas más efectivas, la mejor medicina, de sanar nuestra mente (este artículo en el Harvard Health habla sobre esto). La relajación no solo es un aspecto clave del proceso, es, de hecho, la base de nuestra práctica porque es relajando que aprendemos a descargar nuestra mente de preocupaciones, problemas, emociones pesadas. Estas cosas son parte de nuestra vida diaria y dejadas sin supervisión causan estrés, ansiedad, problemas emocionales, insomnio, problemas digestivos, etc. La lista es larga.

La medicina es tan importante como la prevención. El ciclo del conocimiento no se completa, la lección permanece sin ser aprendida hasta que no solo sanamos sino que aprendemos a manejar y prevenir la misma experiencia desafortunada. Examinamos las causas y actuamos en consecuencia. Si sabemos que A produce B, y B no es algo que queremos experimentar muy seguido, desarrollamos estrategias para prevenir A. Si descubro que soy alérgica a la lactosa, busco las fuentes de ese componente y las evito o, si no puedo evadirlas, tomo una pastilla para disminuir y manejar los síntomas y efectos. Tan simple como eso.

Podemos comenzar a ocuparnos de nuestra salud psicológica haciéndonos un par de preguntas y así chequear cómo va todo. Estas preguntas no agotan el asunto en sí, hay más que se pueden hacer, pero son un buen punto de partida:

  • ¿Qué te da claridad mental y paz interior?
  • ¿Qué te estresa?
  • ¿Cómo te relajas después de un largo día?
  • ¿Cómo cuidas tu mente?

Las respuestas a estas preguntas son claves para el bienestar psicológico, y pueden ayudar mucho a aclarar el lugar donde hay que actuar para cuidar adecuadamente la propia mente. Después de todo las cosas que pesan en nuestra psiquis tienen un gran impacto en la forma en que lidiamos con nuestro trabajo/estudios, relaciones, deberes y la vida en general. Ellas pueden crear caos o paz, depende de nuestro cuidado.

“Nubes llegan flotando a mi vida ya no para traer lluvia o dar pie a la tormenta, sino para agregar color al atardecer de mi cielo” Rabindranath Tagore [traducción del original de la autora]

*En Santiago, Chile, se impartirá un curso de meditación y mindfulness en Marzo 2018 para examinar estos temas y más. Si quieres más información puedes revisar el evento  o escribir a chile@peacerevolution2010.org

Créditos de la imagen @soarescastrodf

Aquí viene el amor otra vez… espera, ¿en serio?

Seeing

Sobre desear el infinito mientras se experimenta lo finito. Pensamientos sobre el amor. Parte I. 

En nuestra vida práctica amamos personas, mascotas, cosas, naturaleza, arte etc. Experimentamos este sentimiento no solo en contextos románticos sino que en muchos más – o al menos podemos estar abiertos a sentir amor de diferentes formas. Sin embarbo, el hecho de que amamos esas cosas/personas no significa que podemos tenerlas todo el tiempo que queramos, o cuando queramos. Aquí entran en juego los límites de la vida material. Hay deberes, distancia y particularidades que nos hacen darnos cuenta que no siempre tenemos la oportunidad de tener lo que queremos cuando lo queremos, sin importar cuánto lo amemos. Cuando se tiene la experiencia – no solo el entendimiento racional de ella-, se siente el límite. Se reconoce el espacio de separación entre tú y el objeto de tu amor que es producido por circunstancias exteriores. Lo sientes.

En un plano más personal, nuestra reactividad es nuestro límite. Cuando reaccionamos, estamos en el borde. Una reacción es un comportamiento impulsivo, inconsciente, un resultado de la circunstancia. Cada vez que tenemos A reaccionamos B. Cada. Vez. Gracias a esta simple fórmula nos ponemos perezosos en nuestro desarrollo personal y/o vida, nos juzgamos a nosotros mismos y a los demás, culpamos a otros, nos quejamos o nos transformamos en la víctima de las circunstancias. Hay otro nombre para esta conciencia o estado mental, lo llamamos EGO.

En etimología básica, EGO es la primera persona singular en Latín (caso nominativo o cuando el pronombre realiza la acción, o es el sujeto de la oración). Significa, basicamente, “Yo”. Y porque EGO está semánticamente muy cargado – lo usamos en diferentes contextos con múltiples significados- y puede conducir a error, prefiero llamar a esta persona simplemente “comportamiento reactivo” (“persona” significa “carácter o máscara” en Latín, ahí hay otra idea). Y aquí estamos quejándonos con nuestros amigos de nuestra última ruptura, culpando al otro (ex jefe, pareja, amigo), siendo la víctima “No sé cómo llegamos a eso” “Lo di todo en esa relación” “Las relaciones son más difíciles de lo que pensaba” “La vida no es justa” y así. Toda esta charla y queja viene de nuestro ego, nuestra máscara, esa parte de nosotros que está irracionalmente fija y reacia a cambiar o ver las cosas bajo otra luz.

Alas del amor
@delnudotatuajes

“Tu mano se abre y cierra, abre y cierra. Si fuera siempre un puño o estuviera siempre abierta, estarías paralizado. Tu presencia más profunda está en cada pequeña contracción y expansión, las dos tan hermosamente balanceadas y coordinadas como las alas de un pájaro” Jalaluddin Mevlana Rumi [traducción del original de la autora]                                                       

Una cosa es el sentimiento que tenemos en nuestros corazones, sincero y más verdadero que cualquier epifanía racional, y otra cosa es lo que ocurre en nuestra mente. Lo primero es nuestra naturaleza cruda, vulnerable, la apertura de nuestro corazón que a veces se siente como una dolorosa ruptura; lo segundo es nuestro comportamiento reactivo. Aquí nos apoyamos nuevamente en la práctica de la meditación para poder entender esto de una forma práctica y holística. Cuando apercibimos nuestras emociones, nuestros pensamientos, y comenzamos a entrenar la ecuanimidad o actitud de “no reacción”, cuando intentamos dejar pasar esas cosas, cuando tratamos de dejarlas ir sin enganchar en el drama interno, estamos alejándonos de nuestra naturaleza reactiva y ganando más de una cosa importante no solo para nuestra meditación, sino que también para nuestras vidas. Durante la meditación nos entrenamos para ser menos reactivos y estar más atentos, aprendiendo a controlar nuestras tendencias habituales. 

Confiamos aquí en el principio básico de economía universal: todo tiene su razón de ser. Y como en cualquier tipo de economía, desde la doméstica hasta la global, la restricción es esencial. Hay, sin embargo, una restricción a la restricción: restricción saludable, no represión. ¿Cuál es la diferencia? Muy simple: restricción implica conciencia, represión es negación de la realidad. Esto dicho, entendemos ahora que no se trata de reprimir nuestro ego o comportamiento reactivo, sino de establecer un límite (y luego transformarlo… pero eso es para otro artículo). Restringir nuestro ego de tal forma que no se vuelva el rey de nuestras mentes, ¿por qué? porque de otra forma estamos lejos del amor – de todas maneras el amor siempre encontrará formas de traernos de regreso a su territorio… Aquí hay una verdad dura sobre el amor: el amor nos lleva por ese camino de estirar y apretar con la promesa de satisfacción incondicional. Andamos el camino y nuestro ego tiene poco que hacer allí. El resto está por venir.

Créditos de la imagen @andreeaionut821

Práctica Local, Amor Global: una guía para Tiempos Líquidos

Kandinsky

Sobre mantener la cordura en tiempos de cambios. Parte III (parte I, parte II)

Cuando vivimos experiencias transformativas tales como un viaje importante, cambiarse de país, comenzar una nueva carrera profesional, ser padre/madre, enamorarse o desenamorarse, dejamos de ser “alguien”, el que éramos antes, y entramos en una nueva dimensión de nosotros que es desconocida y más expansiva que la anterior. Esta expansión es experimentada en varios niveles al mismo tiempo (nace tu bebé y tu casa no es la misma, la habitación vacía es ahora la habitación del bebé, descubres tu capacidad de nutrir y amar, tu paciencia, cuán buen apoyo es tu pareja – o no, etc.) y viene con esta nueva identidad tuya.

Cuando se trata de la práctica espiritual, la expansión más allá de nuestra identidad conocida también se presenta, y uno encuentra que experiencias de meditación profundas son descritas, por experimentados meditadores, con palabras como “suavidad”, “ligereza”, “paz indescriptible”, “vacío”, “centrado”, “expandido” en todos los casos. Es como si todos entraran al mismo espacio mental. Como si las experiencias profundas no fueran muy distintas entre una persona y otra. ¿Pero cómo es que dos personas diferentes tienen casi la misma experiencia interior mientras profundizan en la meditación? Uno puede decir que, enmarcándolo desde un punto de vista estructural, el “alguien” -el que medita- se vuelve “nadie” -el que experimenta todas las posibilidades en su interior sin identificarse- y porque es nadie, es todos al mismo tiempo.

Transformación -o cambio- está presente al nivel de nuestra vida mundana y también en nuestra vida espiritual. Muchas doctrinas espirituales enseñan sobre cómo uno se puede iluminar (un proceso transformativo cuyo objetivo es “ver” o “saber” las cosas como son) o cómo conocer tu verdadero ser (Atman), ser un santo (aquellos de nosotros que “están más perfectamente transformados en la imagen de Cristo” como define el Lumen Gentium Nº 50), cómo permanecer más cerca de Dios o “actuar de acuerdo a la Luz del Creador” como los Kabalistas explican, y así. Y ninguno de estos procesos ocurre sin experimentar una profunda transformación interior. 

Ya sea que estás cambiándote de país, experimentando una pérdida importante, enamorándote, en el camino de la santidad o realización espiritual, estás cambiando. Puristas pueden alzar una ceja en este punto pues estoy comparando el ser padre/madre o viajar con el camino de la realización espiritual, pero para mí ellos difieren en visibilidad (cuan material o visible es el proceso de transformación) y vocación (distinciones entre lo que es profano y sagrado son, usualmente, el lugar donde surjen problemas, y está, muchas veces, sesgado por la cultura – no trato de decir aquí que lo divino no es sagrado, sino que apunto a cierto cuidado que hay que tener en esto, especialmente en un mundo globalizado).  El “alguien”, el que es consciente de sí mismo hasta el egoísmo, cuando se convierte en padre/madre, es un “nadie”. Toda la atención pasa al bebé -y no puede ser de otra forma!- y todo lo que pasa alrededor de él. El buscador espiritual, el “alguien” que busca paz interior, sabiduría o a Dios, se vuelve “nadie” en una experiencia profunda de meditación, en la Santa Comunión o el momento de la Oración.

Nuestra conciencia y la realidad son una y la misma (chequea posts anteriores). Al entender todos los aspectos de nuestra vida como diferentes dimensiones de una sola cosa, al traer un núcleo, centro o espacio interior unificante en donde el “alguien” puede rendirse y convertirse en “nadie”, no nos sentiremos perdidos o faltos de punto de referencia – un sentimiento que surge a menudo cuando experimentamos cambio y transformación, especialmente en esta “modernidad líquida” como Bauman la llamó. Por el contrario, abrazaremos el cambio sin importar cuán incómodo sea, porque esa es la base de nuestra experiencia humana, eso es lo que todos nosotros (sin importar nuestras diferencias) experimentamos en la vida. Este entendimiento no solo trae sabiduría sino que también compasión  hacia todos los seres. Y al final del día eso cuenta porque estamos todos teniendo nuestras dosis de miedo, incertidumbre, pérdida, ganancia, juicio, realización y satisfacción, y merecemos un poco de paz entre todo eso.

Imagen: Composición 8 – Vasili Kandinsky https://www.guggenheim.org/artwork/artist/vasily-kandinsky/page/3

No Perderé Mi Agarre – Nota Desde la Conciencia

Burbujas

Sobre mantener la cordura en tiempos de cambios. Parte II.

(parte I aquí)

Si hay algo en lo que diferentes filosofías, cosmovisiones, sistemas espirituales y cosmologías coinciden respecto de la realidad, es que el cambio es la única certeza en este mundo. Impermanencia lo llaman en Oriente, cambio en otros lugares. Como sea que esto se entienda, parece que el cambio es lo que impregna toda nuestra experiencia en este mundo. El cuerpo, humor y pensamientos cambian diariamente, a veces por minuto e incluso por segundos. Cambiamos trabajo, amigos, parejas, casa, país y mascotas. Nuestro cuerpo se deteriora, envejecemos. La naturaleza de la realidad es el cambio.

Este entendimiento es importante para poder aprender a tomar distancia interior de cosas que, al final del día, cambiarán. Guiño a la ecuanimidad aquí. El apego a las cosas que cambian es, finalmente, la fuente de nuestro sufrimiento. Dejar ir, otra vez. Por supuesto que nunca es sobre nuestros planes futuros o experiencias pasadas, sino que emociones, apegos o “deseos descontrolados”, y juicios al respecto. Una vez que se liberan esas cargas, el futuro se puede planear mucho más eficiente y realistamente – podemos reconocer que nuestros planes, muchas veces, no se realizan porque esperamos mucho o demasiado poco de nosotros mismos o de la circunstancia. Y de las experiencias pasadas se estará capacitado a aprender de ellas, obtener sabiduría para uno mismo y para los otros. Una vez que la sabiduría es obtenida, dejarla al servicio de los demás es lo que sigue.

“Suspende la práctica basada en un entendimiento intelectual, de perseguir palabras y seguir un discurso, y aprende el paso hacia atrás que vuelca tu luz al interior para iluminar el ser. Cuerpo y mente por sí mismos caerán, y tu rostro original se manifestará.” Dogen [traducción del Inglés de la autora]

Si la naturaleza de la realidad es el cambio, ¿qué pasa con nuestra propia naturaleza? ¿qué tan diferentes somos de la realidad? Podemos aceptar que no somos muy diferentes a ella. Somos reales, de hecho. Y si así somos, si somos reales, ¿qué queda de nosotros cuando las cosas cambian? ¿qué ganamos o perdemos en este juego del cambio? La pregunta por nuestra identidad más profunda, por “aquello” que queda de nosotros cuando las cosas cambian, puede ser abordada desde un punto de vista más sutil. Y solo para apuntar en esa dirección podemos considerar que nuestra conciencia – con esto se quiere decir cómo procesamos/entendemos la información entregada por nuestra percepción, y la respuesta a ese proceso – y la realidad son una y la misma. En otras palabras, la realidad es consciente y la conciencia es real. (La física tiene algo que decir al respecto. En este artículo se puede leer – en inglés- sobre qué tan material es la realidad, en caso de que se piense que la realidad es única y estrictamente materia).

La naturaleza de ambos, realidad y conciencia, es una y la misma. Nuestra conciencia cambia junto con nuestra realidad, y viceversa. Si pensamos en las así llamadas prácticas espirituales, o prácticas que nos conectan con nosotros mismos en un nivel consciente como la meditación (así es como sabemos qué está pasando), nos damos cuenta de que son altamente prácticas: ritualistas y aterrizadas (en silencio entra a la habitación, te sientas, ajustas tu postura corporal, te sientes cómodo, cierras tus ojos, suavemente trae tu atención a un solo punto, dos dedos sobre el ombligo, y mantenla ahí… ¿qué tan etéreo es eso?). Y no hay otra forma de que así sea ya que conectamos con la realidad cuando sintonizamos con ella, así vamos con ella, fluimos con ella, y permitimos que el proceso de cambio tome lugar.

Este proceso de cambio no es solo muy visible y positivo a través de la práctica regular de meditación, o manteniendo alguna práctica espiritual, sino que debido a otras circunstancias también –aunque yo diría que el proceso es más duro. Y así te encuentras un día sosteniendo un bebé, a tu bebé, por primera vez en tu vida. Y una de las cosas que pasa por tu mente es “¡cuánto amo este pequeño cuerpo y cuán frágil es!” Este pensamiento temporal crea un sentimiento importante en ti, y repentinamente entiendes, más allá de las palabras, que su fragilidad es tuya también, que ahora eres responsable de ese pequeño cuerpo, y este nuevo entendimiento trae transformación, algo cambia en ti, ya no eres la misma. De cierta forma te has vuelto más real.

Continuará…

Créditos por la imagen @RiyazAhmed

Nunca Conociste Forma más Curiosa de Adquirir Hábitos Saludables

A lo largo de nuestra vida vamos estableciendo hábitos casi de forma inconsciente, mediante la repetición de acciones. Los hay positivos y negativos, y generalmente sabemos diferenciar muy bien entre ellos. Sin embargo, fallamos en lograr establecer buenas costumbres y seguirlas, al mismo tiempo que parecemos encasillarnos demasiado fácilmente en perpetuar aquellas que son negativas.

A pesar de que conocemos a fondo cuáles son los hábitos más saludables y dañinos para nuestra vida, a menudo, dejamos que nuestro bienestar dependa del consumo de hábitos negativos, mientras que tratar de fomentar otros nuevos nos llena de frustración. “Tengo que dejar de comer dulces”, “Debería empezar a correr” ¿Os suena?

[Fuente: leyatraccionpositiva.com]

El fiasco en los numerosos intentos de establecer y mantener buenos hábitos de los que carecemos es tangible para todos nosotros, y, probablemente esto frustre más nuestro intento de cambiar nuestro comportamiento, abandonando nuestras tentativas a fórmulas tan atractivas como simplistas y falsas que aconsejan, recomiendan y sugieren sencillos y lógicos pasos a seguir… “5 pasos para dejar de comer dulces”, “seis sencillos pasos para convertirte en runner”… ¿Os vuelve a sonar?

Establecer una nueva rutina ajena, a la vez que tratamos de dejar ir ciertas prácticas que se han tornado bastante viciosas requiere nada más y nada menos que fuerza de voluntad, primero, para establecerlos, y, segundo, para continuar en la práctica, hasta que al final nos sintamos a gusto con ellos, una vez superada la etapa inicial donde nuestra mente opone la máxima resistencia.

Pero ¿cómo ejercitar la fuerza de voluntad? He aquí una única respuesta que probablemente no se lea a menudo en ninguna de esas fórmulas que se multiplican y extienden por la red.

Meditar.

[Fuente: mundoconsciente.es]

Cuando practicamos la meditación tratamos la calidad de nuestra mente, refinándola cada vez más, como quien muele un grano de café, que evoluciona de un estado de grosor a un estado de finura. Tenemos la capacidad de ralentizar el alocado ritmo de nuestra mente, lo que nos permite ver con mayor claridad otras cosas como la relación de hábitos en nuestra vida.

¿Pero, cómo comenzar a meditar? He aquí la lista que todos esperábamos:

  • Escoge un momento del día: procura que sea un momento que le restas a tu sueño, no a otras actividades, para fijarlo como la el momento del día para meditar ¡no cuesta tanto levantarse 15 minutos antes!
  • Escoge un lugar: que sea cómodo, que te haga sentir bien y que se convierta en tu refugio para meditar.
  • Prepárate: no saltes a la meditación desde la actividad o el desasosiego mental. Trata de estar tranquilo pero bien despierto ¿cómo de bien suena hacer unos estiramientos antes de empezar?
  • Empieza poco a poco: 5-10 minutos sobrarán para que empieces a sentir ciertos beneficios que te ayudarán a sentirte mejor respecto a la práctica.
  • Tómalo como un regalo: siéntete agradecido por la práctica, ¡no cuesta nada! Solo tienes que sentarte, cerrar los ojos y descansar la mente.

Meditar nos ayuda a adquirir hábitos saludables porque nos pone en perspectiva para enfocar nuestra vida de una forma diferente. Practicar la meditación nos hace ver con más claridad lo que es beneficioso y perjudicial para nosotros y nos pone en una posición mejor para tomar las decisiones correctas.

¿Te animas a probar?