El impacto real de la paz interior. Parte IV: la meditación como fuente de felicidad, paz interior y equidad social

La meditación es una práctica ancestral. Se trata de un simple ejercicio que hacemos con nuestra mente, para hacer que se relaje de forma consciente. No es más que un cuidado personal, como el cepillarse los dientes, comer sano o salir a caminar.

Cuando meditamos y atraemos relajación a nuestra mente, dejamos ir nuestros pensamientos y con ellos, nuestras preocupaciones. Damos espacio a la mente para, simplemente, ser. Y en este estado libre de preocupaciones, de estrés, de pensamientos recurrentes… nuestra mente alcanza un estado de paz interior que podría describirse como “absoluta felicidad”.

Con la práctica de la meditación habitual, nos adentramos de forma natural en la práctica del mindfulness, o dicho de otra forma, adoptamos un estilo de vida más mindful, que no significa otra cosa que vivir la vida de una forma más consciente, usando el mismo grado de consciencia con el que relajamos nuestra mente durante la práctica de la meditación.

La plena consciencia es probablemente una de las bondades más maravillosas del mindfulness, porque gracias a ella, aprendemos a no dar por supuestas muchas cosas tan importantes como la vida y la salud, y con ello, a restar importancia a otras tenencias más superfluas como los objetos y las experiencias.

Y es este probablemente uno de los pasos iniciales para aprender a diferenciar entre necesidades y deseos, a título personal; y, para aprender a desarrollar más el sentimiento de empatía, hacia los demás. 

Así, entender que para ser felices no tenemos más que “ser”, a la vez que desarrollamos la empatía hacia la necesidad de “ser” de los demás, es la clave para tejer un modo de vida sostenible, en la que no permitamos que nuestros deseos excedan nuestras necesidades, en la que no dejemos que la satisfacción de los mismos requiera la explotación de los recursos de terceros, y por tanto, en la que contribuyamos a una sociedad justa y pacífica.

Tú tienes el poder de cambiar las cosas. ¿Quieres probar?

El arte de perdonar: el ejemplo que Sudáfrica le dio al mundo

Durante el mes de julio de este año, específicamente el día 18, en todo el mundo se celebró el “Día Internacional Nelson Mandela” que conmemora el centenario del nacimiento de Mandela, uno de los líderes más empáticos y magnánimos de la historia moderna. Mencionar el nombre de este gran hombre Sudafricano me remete instantáneamente a uno de mis verbos favoritos: perdonar.

La dimensión humana de Mandela trascendió largamente a su carrera política, su liderazgo y su victoria sobre el Apartheid, sistema de supremacia blanca, de opresión racista y violencia que dominó la sociedad Sudafricana durante muchos años. Con un coraje y nobleza sin par, Mandela logró que su pueblo cambiara la venganza por la reconciliación, a pesar de que él mismo sufrió las consecuencias de una larga condena en la cárcel: 27 años de su vida, desde 1963 hasta 1990.

 

Madiba

Nelson Mandela o “Madiba” (como era llamado cariñosamente en honor al “Clan Madiba” de la etnia Xhosa, a la cual pertenecía), fue un abogado, activista contra el Apartheid, político y filántropo; un hombre que demostró ser un ejemplo vivo de perdón, sabiduría y libertad. Muchas son las enseñanzas que podemos aprender de él. Una de ellas, por ejemplo, es que la lucha por los sueños es constante y que el simplemente hecho de soñar ya nos hace ganadores. Después de haber estado tantos años en la cárcel, Mandela salió de prisión con un mensaje de reconciliación y unidad como única vía para reconstruir Sudáfrica, demostrando que tenía las habilidades suficientes para ser el primer presidente de piel oscura del país y lograr la reunificación de manera pacífica. Estos frutos de sus esfuerzos incansables le valieron más de 250 premios internacionales —entre ellos el Nobel de la Paz.

 

El perdón libera el alma, elimina el miedo. Por eso es una herramienta tan poderosa.

Esta frase de Mandela representa las bases de la filosofía de la reconciliación que él activamente defendió e impulsó en Sudáfrica, y que dio como fruto la unión nacional en ese país. Y es que cuando perdonamos con sinceridad desde el corazón -a los otros y a nosotros mismos- nos liberamos y quitamos un peso enorme de encima. Uno de los maestros que he tenido, monje Budista, decía que cuando alguien nos hace algo negativo, sea a través de palabras o acciones, esa persona nos está “entregando un cuchillo”, y que solo depende de nosotros “clavarnos ese cuchillo o no”. En otras palabras, siempre tenemos la oportunidad de escoger dejar ir aquello que nos hizo mal, impidiendo enfocarnos en pensamientos, sentimientos y emociones negativos asociados al sufrimiento, odio, resentimiento e inclusive en la venganza.

 

“Perdonar, no significa olvidar.”

Esta es otra de las célebres frases de Mandela, que muestra una parte clave del proceso de aprendizaje a lo largo de nuestras vidas: podemos recordar y aprender con lo sucedido para que no se vuelva a repetir (especialmente si depende de nosotros), pero sin aferrarnos al pasado y sus cargas negativas emocionales. De este modo, podremos seguir hacia delante y vivir nuestra vida mas leves, construyendo nuestra propia felicidad.

El legado de Mandela, a través de sus sabias palabras, perdurará en la memoria colectiva, más allá de su muerte. El ejemplo que dio Sudáfrica al mundo sin duda es un antecedente de que otras formas de liderazgo más humanas y reconciliadoras son posibles para el desarrollo de nuestras sociedades.

 

Créditos de las fotos:

  • Lilian Trochez en Unsplash.
  • John Paul Henry en Usnplash.