El impacto real de la paz interior. Parte IV: la meditación como fuente de felicidad, paz interior y equidad social

La meditación es una práctica ancestral. Se trata de un simple ejercicio que hacemos con nuestra mente, para hacer que se relaje de forma consciente. No es más que un cuidado personal, como el cepillarse los dientes, comer sano o salir a caminar.

Cuando meditamos y atraemos relajación a nuestra mente, dejamos ir nuestros pensamientos y con ellos, nuestras preocupaciones. Damos espacio a la mente para, simplemente, ser. Y en este estado libre de preocupaciones, de estrés, de pensamientos recurrentes… nuestra mente alcanza un estado de paz interior que podría describirse como “absoluta felicidad”.

Con la práctica de la meditación habitual, nos adentramos de forma natural en la práctica del mindfulness, o dicho de otra forma, adoptamos un estilo de vida más mindful, que no significa otra cosa que vivir la vida de una forma más consciente, usando el mismo grado de consciencia con el que relajamos nuestra mente durante la práctica de la meditación.

La plena consciencia es probablemente una de las bondades más maravillosas del mindfulness, porque gracias a ella, aprendemos a no dar por supuestas muchas cosas tan importantes como la vida y la salud, y con ello, a restar importancia a otras tenencias más superfluas como los objetos y las experiencias.

Y es este probablemente uno de los pasos iniciales para aprender a diferenciar entre necesidades y deseos, a título personal; y, para aprender a desarrollar más el sentimiento de empatía, hacia los demás. 

Así, entender que para ser felices no tenemos más que “ser”, a la vez que desarrollamos la empatía hacia la necesidad de “ser” de los demás, es la clave para tejer un modo de vida sostenible, en la que no permitamos que nuestros deseos excedan nuestras necesidades, en la que no dejemos que la satisfacción de los mismos requiera la explotación de los recursos de terceros, y por tanto, en la que contribuyamos a una sociedad justa y pacífica.

Tú tienes el poder de cambiar las cosas. ¿Quieres probar?

El impacto real de la paz interior. Parte III: cómo ser feliz de forma genuina

Acabábamos el post anterior con una pregunta retórica: de qué manera podemos solucionar la desigualdad medioambiental y social y hasta qué punto mi paz interior tiene algo que ver en este proceso.

Para ello hemos de volver al inicio de la reflexión y a los términos “necesidad” y “deseo”. La paz interior es sinónimo de felicidad, que el Diccionario de la Real Academia Española define como “estado de grata satisfacción espiritual y física”.

El problema no es ser feliz, ni nuestra felicidad ha de ser una amenaza para la integridad de terceros. El problema, radica más bien en el hecho de que escojamos fuentes de felicidad externas. “Cuando me compre un coche seré feliz”, “cuando vea a mi hermano seré feliz”, “cuando consiga un trabajo seré feliz”… ¿resulta familiar? Tendemos a buscar la felicidad fuera y lo que es peor –y más cruel hacia nosotros mismos- tendemos a postergar el estado de felicidad hasta que aquello que esta fuera llegue a nosotros. ¿Pero luego qué? Cuando conseguimos aquellas cosas, ¿hemos alcanzado un estado pleno de felicidad? ¿o solo un pequeño estadio de satisfacción pasajera? Generalmente, la respuesta común a todos, es la segunda. Y, como consecuencia, para generar más estadios de satisfacción (que equivocamos con pura felicidad), tendemos a querer más. Otro coche, cuando ve a mi hermano más a menudo, cuando este trabajo termine y logre uno mejor… haciendo girar así esa rueda de deseos cuyo alimento está fuera de nuestra capacidad y se extiende a los recursos de los demás.

¿Y si yo diferenciara bien entre necesitar un coche y desearlo? ¿Y si supiera ser honesto conmigo mismo y llegar a la conclusión de que no lo necesito sino que lo deseo? ¿Y si me comportara de forma respetuosa y optara por no satisfacer ese deseo innecesario? ¿Realmente cambiaría algo? Si… ¡tan solo es un coche y vida solo hay una!

Estas excusas son el denominador común de millones de habitantes en el mundo y es aquí donde llega la situación insostenible.

¿Cómo lograr entonces mi felicidad sin que ésta suponga la penuria de otros? O dicho de otro modo ¿cómo conseguir aplacar mis deseos y no frustrarme en el intento? ¿cómo conseguir ser feliz sin dar rienda suelta a mis caprichos? ¿Cómo conseguir que ser responsable y tener un modo de vida sostenible no me cueste mi alegría de vivir?

¿Has oído hablar de la meditación?

El impacto real de la paz interior. Parte II: la forma en la que los deseos individuales generan desigualdades sociales

Hablábamos en el anterior post de la necesidad de aprender la diferencia entre necesidades y deseos, porque satisfacer necesidades individuales no afecta a quienes nos rodean, mientras que satisfacer nuestros deseos sí puede afectarles. Pero, ¿de qué manera?

Volvamos al paralelismo entre la tarta de chocolate y el mundo con todos sus recursos. Bien sabido es que el mundo tiene recursos suficientes para cubrir las necesidades de todos sus habitantes. Igual de bien sabido es que cuando se trata de cubrir deseos, el mundo y sus recursos no dan tanto abasto. Del mismo modo que si repartimos una tarta de chocolate de forma equitativa entre un grupo de amigos, comeremos todos, mientras que si algunos de ellos desean comer más, acabaremos teniendo desigualdades.

Es decir, podemos concluir que los deseos personales de cada individuo, si se llevan a cabo, pueden llevarnos a situaciones en las que la necesidad de satisfacer nuestros deseos pasa por hacernos con los recursos de los demás.

Y he ahí donde llega la desigualdad a nivel medioambiental, cuando los recursos de los demás, dependen de los deseos de unos pocos. Puesto con un ejemplo, la desigualdad llega cuando mi deseo de renovar mi teléfono móvil cada año, hace que las minas de minerales que se usan para la fabricación de esta tecnología no den abasto, o cuando los bosques del Amazonas se deforestan para el uso de madera desproporcionado de otros países, y así un largo etcétera.

¿Y cuál es la consecuencia natural de la desigualdad medioambiental? La desigualdad social, no cabe duda. Cuando los recursos son divididos de forma inequitativa, damos lugar a la exclusión y a la pobreza.

¿Pero, cómo podríamos solucionar esto y de qué manera está relacionado con mi paz interior?

Hablaremos de ello en el siguiente post.

El impacto real de la paz interior. Parte I: la importancia de diferenciar entre deseos y necesidades

A menudo, cuando hablamos de paz interior, pensamos en relajarnos, en dejar ir el estrés, en tener un momento para nosotros mismos, en cultivar buenas costumbres… sin embargo, nos suele costar encontrar un sentido más profundo de los beneficios de la cultivación de la paz interior. Podemos entender que si conseguimos ser seres más pacíficos, conseguiremos también impactar más o menos a nuestro entorno de una forma positiva. Pero seguimos mostrándonos algo cínicos ante la posibilidad de aceptar que trabajar de esta manera en nosotros mismos pueda tener un impacto mayor a gran escala…

Hace unas semanas, un buen amigo (fundador de la organización Culture Clash que invita a los jóvenes a participar en la construcción de la paz) me invitó a la Casa de la Humanidad de La Haya, en Holanda, para facilitar una serie de reflexiones sobre la importancia de la paz interior durante el Día Internacional de la Paz.

La reflexión giró en torno a la relación entre la paz interior, la paz medioambiental y la paz social. Comenzamos preguntándonos y tratando de definir qué son cada uno de estos tipos de paz y tratando de encontrar de qué manera una impacta en la otra, comenzando por uno mismo y llegando a una escala global.

Para ponerlo de forma breve y sencilla: imaginemos que el mundo es una gran tarta de chocolate y que lo que cada persona busca a nivel individual en su vida, es poder comer un trozo de esa tarta porque eso le hace feliz. Sin embargo, muchas –quizá demasiadas- personas tratan de comerse un trozo más grande para así ser más feliz aún de lo que creen que pueden ser y por tanto, pasan a quitar algo de tarta a los demás. Como resultado, esta realidad en la que unos comen el trozo de tarta de otros, causa conflictos, llevándonos a pensar que la forma en la que uno hace crecer su felicidad, afecta directamente a la capacidad de otros de cultivar la suya.

Pero ¿qué es la felicidad? He ahí el quid de la cuestión. ¿En qué consiste la felicidad? ¿En satisfacer nuestras necesidades o en satisfacer nuestros deseos? ¿Sabemos diferenciar bien entre necesidades y deseos?

Aprender la diferencia entre necesidades y deseos es vital, a la hora de crecer como personas generosas o egoístas. Si deseamos identificarnos con la etiqueta de la generosidad, entonces deberemos aprender que la felicidad puede estar en los pequeños detalles de la vida como en tener necesidades que damos por sentado cubiertas -como tener un hogar, por ejemplo- evitando así hacer que nuestra felicidad radique en otros detalles no tan básicos –los deseos-. ¿Pero por qué? ¿Por qué mis deseos pueden afectar a los demás?

Piensa tú mismo y seguiremos hablando de ello en el siguiente post…

 

Cómo atraer energía de paz a tu vida

Me llevó muchos años encontrar las palabras para definir el estado de felicidad. Creía saber lo que era la felicidad, o quizá lo sabía por descarte por todas las ocasiones en las que no sentía esa sensación de plenitud. Pero quizá no entendí el verdadero significado hasta que empecé a meditar y no solo aprendí lo que era la paz interior y cómo generarla para mí misma, si no que empecé a saborear sus mieles y a comprender, por tanto, su importancia.

Fue cuando empecé a meditar, decía, cuando me di cuenta de que la felicidad era sinónimo de paz. De que ser feliz era en realidad estar en paz y de que cuando me sentía en paz, tenía la mayor sensación de felicidad al margen de cuál fuera la situación. Y así fue como empecé a valorar los pequeños momentos de felicidad y paz que tenía en mi vida, en contraposición con las grandes metas y vivencias que uno se supone que ha de tener para sentirse feliz.

A través de la práctica de la meditación, aprendí a vivir de una forma más mindful. Y así fue como esclarecí cuáles eran los pasos que me funcionaba poner en práctica para atraer la paz a mi día a día y con ello sentir una profunda felicidad. ¿Y qué mejor que pequeñas dosis de felicidad a diario?

  • Empezar el día meditando: sí, da pereza; sí, siempre tenemos muchas cosas que hacer… pero merece MUCHO la pena. Aplicar cierta disciplina y voluntad para sobreponernos a la frustración que nos puede generar establecer un nuevo hábito de vida es la forma de conseguirlo… y ¡no es para tanto! Luego, ya no supe dejar la práctica. Empezar todas las mañanas sonriendo ¿quién prefiere lo contrario?
  • Dejar ir la sensación de necesitar estar en control: sentir que necesitamos estar en control de absolutamente todo lo que rodea nuestra vida es una sensación común para encontrar seguridad. Sin embargo, con ella sobrecargamos nuestras capacidades hasta que acabamos prefiriendo no estar al cargo ¿cuántas veces no habremos disfrutado más de la simpleza? Dejar de pensar en el pasado y en el futuro, pues el uno no se puede cambiar y el otro no existe aún; y, disfrutar de la ligereza del no saber estar -ni querer estar- siempre al mando de todo es, sencillamente, maravilloso.
  • Aprender a ver el aspecto positivo de cada situación: muy a menudo tendemos a magnificar nuestros problemas y centrarnos mucho en ellos hasta hacerlos epicentro de nuestras vidas. En cambio, en muy pocas ocasiones prestamos esa atención a las buenas noticias que nos rodean. Hacer el ejercicio consciente de ver la positividad en cada situación es magnífico y gratificante.
  • Tratar a los demás de la misma manera en la que me gustaría que me trataran a mí: hubo una gran parte de mi vida en la que ni me fijaba quien pasaba a mi alrededor. Según aprendí a ser más consciente de mi propia existencia, empecé a serlo de la de los demás y empecé a sentir curiosidad por cuáles serían las circunstancias de vida de cada persona. Así, empecé a desarrollar cierta empatía que me ayudó no solo a tratar mejor a aquellos que no conocí sino también a aquellos con quienes no había logrado tener una buena relación. Aprendí que sembrar lo que uno quiere para sí mismo, es importante y empecé a disfrutar horrores de pequeños detalles como sonreír a los demás aunque aparentemente no hubiera una razón para ello. ¡Ser amable es gratuito y sienta bien a ambas partes!

Así fue como aprendí que la vida se puede vivir en dos estados: en paz o en resistencia. Y que yo prefería vivirla en paz y poner en práctica pequeños pasos que me ayudaran a conquistarla de forma diaria.

¿Cuáles son los pasos que te funcionan a ti? ¿Crees que algunos de esos se asemejan a ti y que podrías ponerlos en práctica? Sea como fuere, ¡no te demores en encontrar la forma de vida que te atraiga paz interna, porque será la forma en la que consigas llegar a ser feliz!

Meditando en mitad de una vorágine de desenfreno

¿Quién siente que tiene demasiado tiempo libre? ¿O que al día le sobran horas que no sabemos cómo rellenar? No son estas sensaciones habituales para nadie ¿verdad? Y es totalmente comprensible, no hay más que repasar de memoria todo lo que hacemos al día para darnos cuenta de que no es tiempo precisamente lo que nos sobra. Trabajamos, estudiamos, cuidamos de nuestra familia, mantenemos una vida social, viajamos… ¿es posible sacar tiempo libre? La respuesta que todos nos damos es un rotundo no. Sin embargo, quizá deberíamos reformular la pregunta y cuestionarnos, ¿si consiguiéramos sacar tiempo libre, para que nos serviría, en qué lo invertiríamos? Continue reading “Meditando en mitad de una vorágine de desenfreno”