Aquí viene el amor otra vez… espera, ¿en serio?

Seeing

Sobre desear el infinito mientras se experimenta lo finito. Pensamientos sobre el amor. Parte I. 

En nuestra vida práctica amamos personas, mascotas, cosas, naturaleza, arte etc. Experimentamos este sentimiento no solo en contextos románticos sino que en muchos más – o al menos podemos estar abiertos a sentir amor de diferentes formas. Sin embarbo, el hecho de que amamos esas cosas/personas no significa que podemos tenerlas todo el tiempo que queramos, o cuando queramos. Aquí entran en juego los límites de la vida material. Hay deberes, distancia y particularidades que nos hacen darnos cuenta que no siempre tenemos la oportunidad de tener lo que queremos cuando lo queremos, sin importar cuánto lo amemos. Cuando se tiene la experiencia – no solo el entendimiento racional de ella-, se siente el límite. Se reconoce el espacio de separación entre tú y el objeto de tu amor que es producido por circunstancias exteriores. Lo sientes.

En un plano más personal, nuestra reactividad es nuestro límite. Cuando reaccionamos, estamos en el borde. Una reacción es un comportamiento impulsivo, inconsciente, un resultado de la circunstancia. Cada vez que tenemos A reaccionamos B. Cada. Vez. Gracias a esta simple fórmula nos ponemos perezosos en nuestro desarrollo personal y/o vida, nos juzgamos a nosotros mismos y a los demás, culpamos a otros, nos quejamos o nos transformamos en la víctima de las circunstancias. Hay otro nombre para esta conciencia o estado mental, lo llamamos EGO.

En etimología básica, EGO es la primera persona singular en Latín (caso nominativo o cuando el pronombre realiza la acción, o es el sujeto de la oración). Significa, basicamente, “Yo”. Y porque EGO está semánticamente muy cargado – lo usamos en diferentes contextos con múltiples significados- y puede conducir a error, prefiero llamar a esta persona simplemente “comportamiento reactivo” (“persona” significa “carácter o máscara” en Latín, ahí hay otra idea). Y aquí estamos quejándonos con nuestros amigos de nuestra última ruptura, culpando al otro (ex jefe, pareja, amigo), siendo la víctima “No sé cómo llegamos a eso” “Lo di todo en esa relación” “Las relaciones son más difíciles de lo que pensaba” “La vida no es justa” y así. Toda esta charla y queja viene de nuestro ego, nuestra máscara, esa parte de nosotros que está irracionalmente fija y reacia a cambiar o ver las cosas bajo otra luz.

Alas del amor
@delnudotatuajes

“Tu mano se abre y cierra, abre y cierra. Si fuera siempre un puño o estuviera siempre abierta, estarías paralizado. Tu presencia más profunda está en cada pequeña contracción y expansión, las dos tan hermosamente balanceadas y coordinadas como las alas de un pájaro” Jalaluddin Mevlana Rumi [traducción del original de la autora]                                                       

Una cosa es el sentimiento que tenemos en nuestros corazones, sincero y más verdadero que cualquier epifanía racional, y otra cosa es lo que ocurre en nuestra mente. Lo primero es nuestra naturaleza cruda, vulnerable, la apertura de nuestro corazón que a veces se siente como una dolorosa ruptura; lo segundo es nuestro comportamiento reactivo. Aquí nos apoyamos nuevamente en la práctica de la meditación para poder entender esto de una forma práctica y holística. Cuando apercibimos nuestras emociones, nuestros pensamientos, y comenzamos a entrenar la ecuanimidad o actitud de “no reacción”, cuando intentamos dejar pasar esas cosas, cuando tratamos de dejarlas ir sin enganchar en el drama interno, estamos alejándonos de nuestra naturaleza reactiva y ganando más de una cosa importante no solo para nuestra meditación, sino que también para nuestras vidas. Durante la meditación nos entrenamos para ser menos reactivos y estar más atentos, aprendiendo a controlar nuestras tendencias habituales. 

Confiamos aquí en el principio básico de economía universal: todo tiene su razón de ser. Y como en cualquier tipo de economía, desde la doméstica hasta la global, la restricción es esencial. Hay, sin embargo, una restricción a la restricción: restricción saludable, no represión. ¿Cuál es la diferencia? Muy simple: restricción implica conciencia, represión es negación de la realidad. Esto dicho, entendemos ahora que no se trata de reprimir nuestro ego o comportamiento reactivo, sino de establecer un límite (y luego transformarlo… pero eso es para otro artículo). Restringir nuestro ego de tal forma que no se vuelva el rey de nuestras mentes, ¿por qué? porque de otra forma estamos lejos del amor – de todas maneras el amor siempre encontrará formas de traernos de regreso a su territorio… Aquí hay una verdad dura sobre el amor: el amor nos lleva por ese camino de estirar y apretar con la promesa de satisfacción incondicional. Andamos el camino y nuestro ego tiene poco que hacer allí. El resto está por venir.

Créditos de la imagen @andreeaionut821

Here Comes Love Again… Wait, Really?

Opennes to love

On desiring infinity while experiencing finitude. Thoughts on love. Part I. 

In our practical life, we love people, pets, stuff, nature, art etc. We experience this feeling not only in romantic contexts but in many others – or at least we can be open to feel love in multiple ways. However, the fact that we love those things/people doesn´t mean that we can have them all the time we want, or whenever we want them. Here we start to play the limits of the material life. There are duties, distance, and particularities that make us realize that we do not always have the opportunity to get what we want when we want it, no matter how much we love it. When you get the experience – not only the rational understanding of it -, you feel the limit. You acknowledge the space of separation between you and the object of your love that comes from outer circumstances. You feel it. 

On a more personal level, our reactivity is our limit. Whenever we react, we are on the edge. A reaction is impulsive, unconscious behaviour, a byproduct of the circumstance. Every time we get A, we react B. Every. Single. Time. Because of this simple formula we get lazy about our own self-development and/or life, judgemental about ourselves and others, we blame anyone, complain or become the victim of circumstances. There is another name for this consciousness or state of the mind, we call it EGO.

In basic etymology, EGO is the first person singular in Latin (nominative case or when the pronoun is doing the action or otherwise serving as the subject of the sentence). It basically means “I”. And because EGO is semantically very charged – we use it in a variety of contexts with multiple meanings – and can mislead, I prefer to name this person simply “reactive behaviour” (“persona” means “character or mask” in Latin, another insight there). Here we are complaining about our last breakup to our friends, blaming the other (ex-boss, boy/girlfriend, friend), being the victim “I don´t know how we got there” “I gave my all to that relationship” “Relationships are harder than I thought” “Life is not fair” and so on. All that talking and complaining is from our ego, our mask, that part of ourselves that is insanely fixed and reluctant to change or see things under another light.

Wings of love

 

“Your hand opens and closes, opens and closes. If it were always a fist or always stretched open, you would be paralyzed. Your deepest presence is in every small contracting and expanding, the two as beautifully balanced and coordinated as birds’ wings.” Jalaluddin Mevlana Rumi                                                                                             Credits @delnudotatuajes

One thing is the feeling that we have in our hearts, sincere and truer than any rational epiphany, and another thing is the thing that runs in our minds. The first one is our raw, vulnerable nature, the openness of our heart that sometimes feels like a painful break; the second one – our reactive behaviour. Here we rely on the meditation practice again in order to understand this in a practical and holistic way. When we notice our emotions, thoughts, and start training the “no reaction” attitude or equanimity, when we try to let those things pass, when we try to let them go without engaging in the inner drama, we are walking away from our reactive nature and gaining more than one important thing not only for our meditation but also for our lives. That is the whole thing of this simple yet not easy exercise of mindfulness. In meditation, we train ourselves to become less reactive and more aware by learning to control our habitual tendencies.  

We trust here in the basic principle of universal economy: everything has its raison d’être. And as in any type of economy, from domestic to global, restriction is essential. There is, though, a restriction to restriction: healthy restriction, not repression. What´s the difference? The difference is very simple: restriction implies awareness, repression is a denial of reality. This said, we now understand that it´s not about repressing our ego or reactive behavior, but to set a limit to it (and later on to transform it… but that´s for another post). To restrict our ego in a way that doesn´t become the king of our minds. Why? Because otherwise, we are far from love – love will always find ways to bring us back to its territory anyway… Here is a tough truth about love: love drives us down that path of stretching and restricting with the promise of abundant and unconditional satisfaction.  We walk the path and our ego has little to do there. The rest is yet to come.

Credits for the image @vip.mambo76

Práctica Local, Amor Global: una guía para Tiempos Líquidos

Kandinsky

Sobre mantener la cordura en tiempos de cambios. Parte III (parte I, parte II)

Cuando vivimos experiencias transformativas tales como un viaje importante, cambiarse de país, comenzar una nueva carrera profesional, ser padre/madre, enamorarse o desenamorarse, dejamos de ser “alguien”, el que éramos antes, y entramos en una nueva dimensión de nosotros que es desconocida y más expansiva que la anterior. Esta expansión es experimentada en varios niveles al mismo tiempo (nace tu bebé y tu casa no es la misma, la habitación vacía es ahora la habitación del bebé, descubres tu capacidad de nutrir y amar, tu paciencia, cuán buen apoyo es tu pareja – o no, etc.) y viene con esta nueva identidad tuya.

Cuando se trata de la práctica espiritual, la expansión más allá de nuestra identidad conocida también se presenta, y uno encuentra que experiencias de meditación profundas son descritas, por experimentados meditadores, con palabras como “suavidad”, “ligereza”, “paz indescriptible”, “vacío”, “centrado”, “expandido” en todos los casos. Es como si todos entraran al mismo espacio mental. Como si las experiencias profundas no fueran muy distintas entre una persona y otra. ¿Pero cómo es que dos personas diferentes tienen casi la misma experiencia interior mientras profundizan en la meditación? Uno puede decir que, enmarcándolo desde un punto de vista estructural, el “alguien” -el que medita- se vuelve “nadie” -el que experimenta todas las posibilidades en su interior sin identificarse- y porque es nadie, es todos al mismo tiempo.

Transformación -o cambio- está presente al nivel de nuestra vida mundana y también en nuestra vida espiritual. Muchas doctrinas espirituales enseñan sobre cómo uno se puede iluminar (un proceso transformativo cuyo objetivo es “ver” o “saber” las cosas como son) o cómo conocer tu verdadero ser (Atman), ser un santo (aquellos de nosotros que “están más perfectamente transformados en la imagen de Cristo” como define el Lumen Gentium Nº 50), cómo permanecer más cerca de Dios o “actuar de acuerdo a la Luz del Creador” como los Kabalistas explican, y así. Y ninguno de estos procesos ocurre sin experimentar una profunda transformación interior. 

Ya sea que estás cambiándote de país, experimentando una pérdida importante, enamorándote, en el camino de la santidad o realización espiritual, estás cambiando. Puristas pueden alzar una ceja en este punto pues estoy comparando el ser padre/madre o viajar con el camino de la realización espiritual, pero para mí ellos difieren en visibilidad (cuan material o visible es el proceso de transformación) y vocación (distinciones entre lo que es profano y sagrado son, usualmente, el lugar donde surjen problemas, y está, muchas veces, sesgado por la cultura – no trato de decir aquí que lo divino no es sagrado, sino que apunto a cierto cuidado que hay que tener en esto, especialmente en un mundo globalizado).  El “alguien”, el que es consciente de sí mismo hasta el egoísmo, cuando se convierte en padre/madre, es un “nadie”. Toda la atención pasa al bebé -y no puede ser de otra forma!- y todo lo que pasa alrededor de él. El buscador espiritual, el “alguien” que busca paz interior, sabiduría o a Dios, se vuelve “nadie” en una experiencia profunda de meditación, en la Santa Comunión o el momento de la Oración.

Nuestra conciencia y la realidad son una y la misma (chequea posts anteriores). Al entender todos los aspectos de nuestra vida como diferentes dimensiones de una sola cosa, al traer un núcleo, centro o espacio interior unificante en donde el “alguien” puede rendirse y convertirse en “nadie”, no nos sentiremos perdidos o faltos de punto de referencia – un sentimiento que surge a menudo cuando experimentamos cambio y transformación, especialmente en esta “modernidad líquida” como Bauman la llamó. Por el contrario, abrazaremos el cambio sin importar cuán incómodo sea, porque esa es la base de nuestra experiencia humana, eso es lo que todos nosotros (sin importar nuestras diferencias) experimentamos en la vida. Este entendimiento no solo trae sabiduría sino que también compasión  hacia todos los seres. Y al final del día eso cuenta porque estamos todos teniendo nuestras dosis de miedo, incertidumbre, pérdida, ganancia, juicio, realización y satisfacción, y merecemos un poco de paz entre todo eso.

Imagen: Composición 8 – Vasili Kandinsky https://www.guggenheim.org/artwork/artist/vasily-kandinsky/page/3

Practice Locally, Love Globally: Survival Guide For Liquid Times

liquid times

On staying sane in times of change. Part III (part I , part II )

When we go through transformative experiences such as an important trip, moving to another country, starting a new career path, becoming a parent, falling in/out of love, – we stop being “somebody”, the one we were before. We enter into a new dimension of ourselves which is unknown and more expansive than the previous one. This expansion is experienced in many levels at the same time (you became a parent and your house is not the same anymore, the empty room is now the room of the baby, you discover your impressive nurturing and loving capacity, and your patience, and how good is your partner in supporting – or not etc.) and comes with this new “identity” of yours.

When it comes about spiritual practice, the expansion beyond one’s known identity is also present, and one finds that deep meditation experiences are always described with the same words: “softness”, “lightness”, “indescribable peace”, “emptiness”, “centered”, “expanded” among experienced meditators. It´s like if everyone gets to the same headspace. As if profound experiences don´t differ much from one person to another. But how come that two different individuals have almost the same inner experience while going deep into meditation? One can say that, framing it in a structural perspective, the “somebody” – the one who meditates – becomes “nobody” – the one who experiences all the possibilities within without identification – and because is nobody, is everyone at the same time. 

Transformation – or change – is present at the level of our mundane life and at the level of our spiritual life too. Many spiritual doctrines teach about how one can become enlightened (a transformational process aiming at “seeing” or “knowing” things as they are) or knowing your true self (Atman), a saint (those of us “who are more perfectly transformed in the image of Christ” defines the “Lumen Gentium” No 50), how to stay closer to God or “to act according to the Light of the Creator” as Kabbalists explain, and so on. And none of these processes occur without experiencing a deep transformation within.

Whether you are moving into another country, experiencing a significant loss, falling in love, in the path of sanctity or spiritual realization, you are changing. Purists may raise a brow at this point since I´m comparing becoming a parent or traveling with the path of spiritual realization, but to me, they differ by visibility (how material or visible is the process of transformation) and calling (distinctions between what is profane and holy are, usually, the place where problems arise, and they are most of the times culturally biased – I´m not trying to say that divinity is not sacred, I´m pointing out toward a certain carefulness that is needed on this matter, especially in a globalized world). The “somebody”, the one who is aware of itself to the point of selfishness, when becomes a parent, is a “nobody”. The entire attention goes to the baby – it can´t be another way! – and all that happens around it.  The spiritual seeker, the “somebody” who seeks inner peace, wisdom or God, becomes a “nobody” in a profound meditation experience, in the Holy Communion or during the Praying time.

Our consciousness and reality are one and the same (check out my previous posts). By understanding all the aspects of our life as different dimensions of one single thing, by bringing up a core, center or unifying space within in which the “somebody” can surrender and become a “nobody”, we won´t feel lost or lacking the point of reference – a feeling that occurs very often when we experience change and transformation, especially in this “liquid modernity” as Bauman named it. On the contrary, we will embrace change, no matter how uncomfortable this change might be, because that´s the foundation of our human experience, that is what all of us (no matter our differences) experience in life. This understanding brings not only wisdom but also a greater compassion toward all living beings. And at the end of the day that counts because we are all having our own doses of fear, uncertainty, loss, gain, judgment, realization, and satisfaction, and we deserve some little peace in between.

Credits for the image @ajaychahal29

No Perderé Mi Agarre – Nota Desde la Conciencia

Burbujas

Sobre mantener la cordura en tiempos de cambios. Parte II.

(parte I aquí)

Si hay algo en lo que diferentes filosofías, cosmovisiones, sistemas espirituales y cosmologías coinciden respecto de la realidad, es que el cambio es la única certeza en este mundo. Impermanencia lo llaman en Oriente, cambio en otros lugares. Como sea que esto se entienda, parece que el cambio es lo que impregna toda nuestra experiencia en este mundo. El cuerpo, humor y pensamientos cambian diariamente, a veces por minuto e incluso por segundos. Cambiamos trabajo, amigos, parejas, casa, país y mascotas. Nuestro cuerpo se deteriora, envejecemos. La naturaleza de la realidad es el cambio.

Este entendimiento es importante para poder aprender a tomar distancia interior de cosas que, al final del día, cambiarán. Guiño a la ecuanimidad aquí. El apego a las cosas que cambian es, finalmente, la fuente de nuestro sufrimiento. Dejar ir, otra vez. Por supuesto que nunca es sobre nuestros planes futuros o experiencias pasadas, sino que emociones, apegos o “deseos descontrolados”, y juicios al respecto. Una vez que se liberan esas cargas, el futuro se puede planear mucho más eficiente y realistamente – podemos reconocer que nuestros planes, muchas veces, no se realizan porque esperamos mucho o demasiado poco de nosotros mismos o de la circunstancia. Y de las experiencias pasadas se estará capacitado a aprender de ellas, obtener sabiduría para uno mismo y para los otros. Una vez que la sabiduría es obtenida, dejarla al servicio de los demás es lo que sigue.

“Suspende la práctica basada en un entendimiento intelectual, de perseguir palabras y seguir un discurso, y aprende el paso hacia atrás que vuelca tu luz al interior para iluminar el ser. Cuerpo y mente por sí mismos caerán, y tu rostro original se manifestará.” Dogen [traducción del Inglés de la autora]

Si la naturaleza de la realidad es el cambio, ¿qué pasa con nuestra propia naturaleza? ¿qué tan diferentes somos de la realidad? Podemos aceptar que no somos muy diferentes a ella. Somos reales, de hecho. Y si así somos, si somos reales, ¿qué queda de nosotros cuando las cosas cambian? ¿qué ganamos o perdemos en este juego del cambio? La pregunta por nuestra identidad más profunda, por “aquello” que queda de nosotros cuando las cosas cambian, puede ser abordada desde un punto de vista más sutil. Y solo para apuntar en esa dirección podemos considerar que nuestra conciencia – con esto se quiere decir cómo procesamos/entendemos la información entregada por nuestra percepción, y la respuesta a ese proceso – y la realidad son una y la misma. En otras palabras, la realidad es consciente y la conciencia es real. (La física tiene algo que decir al respecto. En este artículo se puede leer – en inglés- sobre qué tan material es la realidad, en caso de que se piense que la realidad es única y estrictamente materia).

La naturaleza de ambos, realidad y conciencia, es una y la misma. Nuestra conciencia cambia junto con nuestra realidad, y viceversa. Si pensamos en las así llamadas prácticas espirituales, o prácticas que nos conectan con nosotros mismos en un nivel consciente como la meditación (así es como sabemos qué está pasando), nos damos cuenta de que son altamente prácticas: ritualistas y aterrizadas (en silencio entra a la habitación, te sientas, ajustas tu postura corporal, te sientes cómodo, cierras tus ojos, suavemente trae tu atención a un solo punto, dos dedos sobre el ombligo, y mantenla ahí… ¿qué tan etéreo es eso?). Y no hay otra forma de que así sea ya que conectamos con la realidad cuando sintonizamos con ella, así vamos con ella, fluimos con ella, y permitimos que el proceso de cambio tome lugar.

Este proceso de cambio no es solo muy visible y positivo a través de la práctica regular de meditación, o manteniendo alguna práctica espiritual, sino que debido a otras circunstancias también –aunque yo diría que el proceso es más duro. Y así te encuentras un día sosteniendo un bebé, a tu bebé, por primera vez en tu vida. Y una de las cosas que pasa por tu mente es “¡cuánto amo este pequeño cuerpo y cuán frágil es!” Este pensamiento temporal crea un sentimiento importante en ti, y repentinamente entiendes, más allá de las palabras, que su fragilidad es tuya también, que ahora eres responsable de ese pequeño cuerpo, y este nuevo entendimiento trae transformación, algo cambia en ti, ya no eres la misma. De cierta forma te has vuelto más real.

Continuará…

Créditos por la imagen @RiyazAhmed

I Won´t Lose My Grasping – Note From Consciousness

Awareness of a cat

On staying sane in times of change. Part II.

(part I here)

If there is one thing in which different philosophies, worldviews, spiritual systems, and cosmologies coincide regarding reality is that change is the only certainty in this world. Impermanence – name it in eastern philosophies, change – in other places. However you understand this, it seems that change permeates all our experience in this world. The body, mood, and thoughts change daily, sometimes per minute and even seconds. We change jobs, partners, friends, house, country, and pets. Our body decays, we get old. The nature of reality is that of change.

This understanding is important so we may learn to internally zoom out of things that, at the end of the day, will change. Wink at equanimity here. The attachment to things that change is, ultimately, the source of our suffering in life. Letting go, again. This time it´s not only about our past experiences but also about the future. Of course, it´s never about our future plans or past experiences, but emotions, attachments or “desires out of control”, and judgements about them. Once you release these burdens, you can plan your future more effectively and realistically – we may acknowledge the fact that our plans do not come to a fruition because, many times, we expect either too much or too little about ourselves or about the circumstance. As per your past experiences, you will be able to learn from them and get wisdom out of them for yourself and others. Once you get insights or wisdom, being of service to others follows.

“Cease from practice based on intellectual understanding, pursuing words, and following after speech, and learn the backward step that turns your light inward to illuminate your self. Body and mind of themselves will drop away, and your original face will manifest.” Dogen

If the nature of reality is that of change, what about our own nature? How different are we from reality? We may accept that we don´t differ much from it. We are real, actually. And if so, if we are real, what is left of ourselves when things change? What do we lose or gain about ourselves in this changing game? The question about our deepest identity, the “self” that remains when things change, can be addressed by a more subtle approach. And just to point towards a direction, we can consider that our consciousness – meaning here how we process/understand information delivered by our perception and the response to that awareness – and reality are one and the same. In other words, reality is conscious and consciousness is real. (Physics has something to say about this. You can check out this article and read about how material is the reality, in case you think that it is only and strictly a matter).

The nature of both, reality and consciousness, is one and the same. Our consciousness changes along with our reality, and vice versa. If we think in the so-called spiritual practices, or practices that connect us with ourselves at the consciousness level as meditation does (we thus know what is going on), we realize that they are highly practical: ritualistic and down to earth (quietly enter to the room, sit down, adjust your body, feel comfortable, close your eyes, gently bring your attention at one single point, two fingers-width above the navel, and keep it there… how ethereal is that?). And there is no other way in which can be so since we engage with reality when we are in tune with it, so we go with it, we flow with it, and allow the process of change take place.

This process of change is not only very visible and positive while meditating regularly or maintaining a spiritual practice, but due to other circumstances too – although the experience of change is rougher, I would say.  And so you find yourself one day holding a baby, your baby, for the very first time in your life and one of the things that cross your mind is “how much I love this small body and how fragile it is!”. This temporary thought creates an important feeling within yourself and suddenly you understand, beyond words, that her/his fragility is your fragility too, that you are now responsible of that small body, and that this new understanding brings about transformation, something changes in you and you are not the same anymore. In a way, you are becoming more real.

To be continued…

Credits for the image @sakshi101889

Quién Eres Cuando Las Cosas Cambian?

Sobre mantener la cordura en tiempos de cambios. Parte I. 

Aunque vivimos nuestras vidas con un grado considerable de certeza respecto a quiénes somos y los roles que cumplimos en nuestra familia y sociedad, hay momentos en los que nos sentimos ajenos a nosotros mismos. Sentimos que o nos perdimos un poco, o que nos olvidamos, o simplemente no sabemos de dónde salió esa parte de nosotros que surgió en una determinada circunstancia. Estos momentos son, la mayoría de las veces, una consecuencia de experiencias transformativas tales como una pérdida significativa o un final doloroso, el comienzo de una nueva carrera profesional, enamorarse o desenamorarse, ser madre o padre entre otras.

Cuando experimentamos esos cambios en la vida, reenmarcamos nuestra identidad pues esas circunstancias parecen demandar algo de nosotros que aún no hemos descubierto o desarrollado (una impresionante capacidad de cuidado, una resiliencia inesperada, una creatividad dormida). Transicionamos de A a B. Durante este proceso muchas cosas cambian, a veces rápido a veces gradualmente, y lo primero que necesitamos hacer es dejar ir el condicionamiento de nuestras experiencias pasadas para poder florecer nuevamente bajo una nueva forma, una más apropiada a la circunstancia presente.

Este dejar ir nunca es sobre la experiencia en sí -digamos que una tuvo un jefe que la hizo sentir incompetente demasiadas veces, y se cambió de trabajo. No se dejan ir las habilidades adquiridas, ni los colegas o la experiencia ganada, sino que las consecuencias negativas de la experiencia. Las emociones (frustración, rabia, arrepentimiento, etc.), los pensamientos y juicios (me encantó, me pareció desagradable, etc.) son el material que, luego de un tiempo, se dejará ir. Y es luego de un tiempo porque cuando llega el momento de dejar ir, necesitamos ejercitar un poco la paciencia con nosotros mismos y darnos un momento para procesarlo todo. Todo se trata del tiempo en esta etapa.

 “Solo entiende dónde estás ahora y redescubrirás tu poder de hacer cambios” I Ching

La etapa del dejar ir es tan necesaria como un cierto sentido de estabilidad ya que la falta de certeza está muy presente en momentos de cambios. Durante este tiempo de transición dirigir nuestra atención hacia lo que realmente está pasando, sin prejuicios (experiencias pasadas), es la fuente de cordura y de conocimiento que nos permite tomar mejores decisiones, ejercitar nuestro poder personal, sacar a la luz nuestras habilidades y manejarnos a nosotros mismos de una buena forma. Es el conocimiento que nos enraíza y nos da opciones, que nos hace libres.

Para poder “ver” lo que hay ahí para nosotros, lo que la realidad nos pone justo en frente de nuestros ojos, necesitamos una cierta cualidad interior que se conoce como “ecuanimidad”. En este contexto la ecuanimidad es la capacidad que tenemos de mantener la visión sin engañarnos a nosotros mismos, de ver las fuerzas que operan en el aquí y ahora, y cuáles son nuestros recursos disponibles con ojos limpios, sin juicios o sesgos. Aunque es una cualidad natural del equilibrio interior, existen ciertos ejercicios como la meditación que la mejoran y desarrollan como dicen varios estudios científicos. Tiene sentido, después de todo, los ejercicios de introspección no solo son muy placenteros sino que también, y principalmente, reveladores.

Ecuanimidad también puede ser entendida como neutralidad, pero nunca como indiferencia. Permanecer indiferente es una forma de escapismo, una manera de negar la realidad. Pero aquí la realidad es lo que obtenemos y buscamos, es nuestra fuente de empoderamiento y cordura en tiempos de cambio y transición, no algo de lo que hay que desprenderse o escapar. Ecuanimidad se refiere, entonces, a una cierta actitud interna que nos permite lidiar con lo que está sucediendo sin sentirnos fuera de lugar, o, peor, fuera de nosotros mismos. Y es el pasaje más seguro para fundirse con la realidad.

Más sobre la realidad, espiritualidad y todo lo que pasa entremedio próximamente.

 

Who Are You When Things Change?

On staying sane in times of change. Part I.

Although we live our lives with a considerable degree of certainty regarding of who we are and the roles we play in our family and society, there are moments in which our own self seems foreign to us. We either feel that we have kind of lost ourselves, forgotten about ourselves or that we simply don´t know where it came from – some part of ourselves that arose in a given circumstance. These moments are, many times, a side effect of transformative experiences such as a significant loss or a painful end, the starting of a new career path, falling in/out of love, or becoming a parent. They deserve our careful attention. 

As we experience such changes in life, we need to re-frame our identities since these circumstances seem to demand something that we haven´t discovered yet or haven’t developed from ourselves (an impressive nurturing capacity, an unexpected resilience, a dormant creativity). We transition from A to B. During this process many things change, sometimes quickly, sometimes gradually, but the first thing that we need to do is to let go of the conditioning of our past experiences in order to flourish again in a new form, a form more appropriate to the present circumstance. 

This letting go is never about the past experience itself – let´s say that you had a boss who made you feel incompetent too often and you changed your job. You don´t let go of the skills you developed at that particular job, nor the colleagues you met or the experience acquired, but the negative aftermaths of the circumstance in yourself. The emotions (frustration, anger, regrets etc.), thoughts and judgements about it (I loved it, I disliked it etc.) is the stuff that, after a while, you will need to let go. And after a while because when the letting go phase takes place, we need to exercise some patience with ourselves and take some time out to process the whole thing.  It´s all about time during this phase.

 “Only understand where you are now, and you rediscover your power to make changes.” I Ching

The letting go phase is needed as much as a certain sense of stability since feelings of uncertainty are very present in the times of change. During this transitional time directing our attention towards what is really going on without prejudices (past experiences) is the source of sanity and the knowledge that allows us to make better decisions, to exercise our personal power, to bring out our skills and manage ourselves in a good way. It´s the knowledge that gives us some foundation and options, that makes us free. 

In order to “see” what is in there for us, what reality brings just in front of our eyes, we need a certain inner quality that is known as “equanimity”. In this context equanimity is the capacity that we have to bear the vision without fooling ourselves, to see what forces are working in the here and now, what are our available resources with clear lenses, without judgement or bias. Although a natural quality of inner balance, there are some exercises such as meditation that enhances it and develop it further and wider according to several scientific studies. And it makes sense because, after all, moments of introspection are not only delightful, but also and mostly, revealing. 

Equanimity can also be understood as neutrality, but never as indifference. Remaining indifferent is a form of escapism, a form of denial of the reality. But here reality is what we get and search for; it is our source of empowerment and sanity in moments of change and transition, not something to get rid of or escape from. Equanimity refers, then, to a certain inner attitude that enables us to deal with whatever is going on without feeling out of place, or worse, out of ourselves. And it is the safest passage to blend with reality.

More on reality, spirituality and all that happens in between coming soon.